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Dra. Sara Bendahan

Por: NurisGonzález | Publicado: 25/04/2011 06:07 |
La primera mujer que en Venezuela estudió Medicina: Sara Bendahan

Medicina.-

     Hoy en día nos resulta natural que la mujer venezolana ocupe espacios en la sociedad, sea parte importante del aparato productivo y  resalte en las profesiones liberales. Pero esto no fue tan fácil. Hace menos de un siglo una primera mujer, Virginia Pereira Álvarez, se atrevió a traspasar las puertas de la Universidad Central de Venezuela con el objetivo de estudiar medicina. 

     Problemas políticos de la época originaron el cierre de la Universidad y Virginia sólo llegó a realizar su sueño de ser doctora en medicina, yéndose a los Estados Unidos de Norteamérica, donde pudo culminar sus estudios. Años después en 1.924,  otra mujer cuyo nombre es Sara Bendahan, intenta estudiar medicina en la Universidad Central, logrando terminar la carrera en 1.930. Sin embargo, una serie de circunstancias adversas le impide recibir su grado hasta 1.939, cuando por fin, es la primera venezolana en obtener en el país el título de Doctora en Ciencias Médicas.

Una Joven Guatireña

     Sara era hija de inmigrantes judíos sefarditas originarios de Marruecos, que llegaron de Tetuán para establecerse en Guatire a fines del siglo XIX. Su infancia transcurrió allí, aprendiendo sus primeras letras con las señoritas Hernández Suárez, quienes tenían una escuela en una hacienda de caña de azúcar. Sara agradece a los bachilleres Juan José Fermín, Juan Antonio Padilla García y J. A. Rodríguez López, y a los doctores Aarón Benchetrit, Enrique Delgado Palacios, José de Jesús Arocha, M. Pulido Méndez y Víctor Ovalles, quienes la “enrumbaron por los vastos campos de la ciencia.”. El profesor Fermín había sido contratado por un grupo de padres preocupados por la educación de sus hijos, y daba sus clases bajo una enramada, para que los niños tuvieran contacto con la naturaleza. Sara era una muchacha alegre y decidida. El cronista de Guatire, Luis Martus ha contado en este mismo periódico que Sara fue reina de Carnaval por los años 20. ¿De dónde le saldría la idea de estudiar medicina? Su amor por el estudio, su interés por las ciencias, su bondad, descrita por su compañero de estudios el doctor José de la Trinidad Rojas Contreras, quien la define como “amiga de la humanidad”,  y su carácter decidido, deben haberla impulsado en esa dirección.

Los Estudios

     En 1.923 Sara presentó los exámenes para obtener su certificado de Suficiencia de Instrucción Secundaria, sacando 20 en las tres pruebas, escrita, oral y práctica. En septiembre de 1924 ingresa a la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela. Cursa los dos primeros años con excelentes calificaciones. Cuando está en tercer año, enferma de tuberculosis pulmonar. Se va a Los Teques en procura de un clima favorable y de reposo, que le permitan mejorarse, en esa época en la que aún no existían los antibióticos. Sin embargo no deja de estudiar; en septiembre presenta los exámenes de tercer año y pasa bien en todas sus materias. Prosigue sus estudios hasta 1930, aprobando todo el contenido del programa, sin lograr curarse totalmente de su enfermedad. No es tan sólo el sufrimiento físico. “Mis seis años de estudiantado fueron seis años de calvario con todas sus estaciones, sin faltar una, debido a los tiempos que atravesábamos: incomprensión, preconceptos arcaicos, falta de costumbre de ver a las mujeres en las aulas, maledicencia, envidia, pequeños caciquismos en cada jerarquía, groserías innatas, de unos,  persecuciones  sistematizadas de los otros, pasiones políticas encontradas. Desde el bachillerato hice toda la carrera sola: única mujer. Exótica en aquellos ‘predios’ de varones, fui por la fuerza de las circunstancias poca compañera de la generalidad de mis compañeros; para ellos se anteponía por falta de costumbre, la mujer a la estudiante…no queriendo comprender o no comprendiendo  cómo `una mujer´  podía estudiar medicina sin ser un marimacho, sin perder su decoro, sin mengua de su honestidad”.

Los años Tristes

    
Abatida por la enfermedad, por un desengaño amoroso, por la muerte de algunos familiares y amigos muy queridos, Sara destruye la tesis que había preparado como requisito para la graduación y, faltándole sólo la entrega de ésta y  la presentación de un examen integral, abandona la universidad.  “Mi vida, en estos años que separan el término de mis estudios de la adquisición del título Doctora en Ciencias Médicas, ha sido muy cruel. Fui anti-social y mi corazón estuvo muerto mucho tiempo porque otros redujeron a cenizas el sagrado fuego que lo animaba. Si mi espíritu estuvo enfermo, ahogándose a veces en los ásperos recuerdos del pasado, fue porque me comprimieron férreamente en el molde demasiado estrecho de los convencionalismos…” Mientras tanto, la situación del país se va modificando, y junto con el cambio político que se produce a la muerte de Juan Vicente Gómez a fines de 1.935, la mujer va ganando espacios. Varias revalidan sus estudios de medicina y Lya Imber, nacida en Rusia, estudia esta carrera en la Universidad  Central de Venezuela y se gradúa en 1.936.  Sara escribe: “La mujer, a Dios gracias, trafica hoy por el claustro universitario con la misma facilidad y desenvoltura que su compañero del opuesto sexo. Ya no es utopía hablar de las actividades de la mujer; por fin la venezolana en actitud valiente y decidida se lanzó de lleno en el campo prohibido de la ciencia y anhela la igualdad de derechos de los cuales el primero es el sagrado derecho de instruirse”. Entre los exiliados que regresan al país está Rafael Augusto Vegas, quien había sido compañero de Sara en sus primeros años de estudio. Su influencia sobre Sara parece haber sido determinante en su decisión de obtener finalmente su título.

El triunfo

    
En 1.939 Sara escribe una nueva tesis: “El diagnóstico de las apendicitis. Contribución al estudio de la variedad retrocecal”. La presenta y es aprobada. Le fijan como fecha para el examen integral el 31 de julio a las 10.30 a.m. Sara presenta las tres pruebas correspondientes. La citan entonces para el conferirle el título, ese mismo día a la 7 de la noche en el Paraninfo. Allí Sara lee su discurso de graduación, que es una síntesis de su vida y de su esfuerzo. En él recuerda a sus profesores, familiares, amigos, y agradece a todos los que contribuyeron a que pudiese lograr su meta.

La muerte

    
Después de graduada, Sara se casa y tiene una hija, pero los sueños que tenía en cuanto al ejercicio de su profesión, tal como la idea de llevar a cabo un estudio exhaustivo sobre la prevención de la prostitución, no alcanzan a realizarse. Su salud sigue siendo precaria. La muerte le llega en 1.946. Queda Sara Bendahan para la historia de la medicina nacional, como la primera mujer que cursó completos los estudios de esa profesión, y la primera venezolana en graduarse. Fue en nuestro país una abridora de caminos en la incorporación de la mujer a la vida ciudadana, superando la estrechez de una sociedad atrasada y prejuiciosa, y venciendo además, la limitación que su  enfermedad le imponía.                                                                                                          

 

                                                                                                       

 

Sara Bendahan
En Medicina, darle un vistazo de vez en cuando a la historia, a los orígenes de algo, resulta siempre interesante y ayuda a comprender el proceso de la sociedad que somos. Las carreras universitarias, lejos de ser posibles objetos de estudio para ambos géneros, las que inicialmente

Salud al Día

se ofrecían –la Teología, la Medicina, la Filosofía y el Derecho– eran una gran opción de estudio para los hombres y casi ninguna para las mujeres. Para la mujer se reservaban roles y oficios como los de esposa, madre, ama de casa y costurera, en el mejor de los casos. Esta realidad, bien nos enmarca el motivador tema que hoy abordamos en nuestra columna en Salud al día, con motivo del Día de las Naciones Unidas para los Derechos de la mujer, también conocido como el Día internacional de la Mujer, celebrado anualmente el día ocho de cada marzo,  con el que se reconoce el mérito al importantísimo papel que “ellas” han venido realizando en todos los ámbitos del hacer social, muchas incluso desde el silencio.

Hoy día, en cada especialidad, la Medicina ofrece nombres profesionales, sin importar  que éste sea hombre o mujer, pues lo que se valora es, además de méritos y trayectoria reconocida, quién te lo recomienda y las historias de sus aciertos en los casos referidos. Y esta igualación de géneros se produjo en Venezuela, el histórico mes de septiembre de 1924, cuando la primera mujer venezolana, Sara Bendahan, se atrevió a dar el paso de cursar estudios de Medicina y formalizó su inscripción en la Universidad Central de Venezuela, cuando la población caraqueña era de poco más de 135.000 habitantes y todo el país apenas superaba los 3 millones, en tiempos de Juan Vicente Gómez.

Liberarse del dolor

La historia de esta valiente pionera nacida en Guatire en febrero de 1906, de padres inmigrantes que vinieron del norte de África, se reveló con precisión hace apenas unos pocos años, gracias a la investigación cabal realizada por la también doctora Sonia Hecker. Esta egresada como médico-cirujano de la Universidad Central de Venezuela ha combinado el ejercicio de la docencia y la investigación científica con el de escritora de cuentos -con dos libros publicados-, además de artículos de opinión y ensayos científicos. Con el título Por una puerta estrecha: Sara Bendahan, publicado en 2005 como parte de la “Colección Periodismo y Memoria” por la Fundación Polar, dio a conocer la doctora Hecker la interesante biografía que logró presentar al hilar todas las piezas encontradas, para aclarar el misterio que en torno a Sara se había tejido, y que hacía de ella más una leyenda llena de interrogantes e imprecisiones que un hito histórico en las ciencias médicas venezolanas.

En Sonia Hecker operó el buen y atinado olfato del investigador científico sumado al del relator de historias, y sólo ella sabe las peripecias que libró en su deseo de recuperar para la historia no sólo la biografía (establecida con fechas, documentos e imágenes fotográficas que la respaldan) de la primera mujer que en Venezuela se inscribió y culminó los seis años completos de Medicina, sino el discurso pronunciado por Sara Rosa M. Bendahan durante el acto en que se le confirió el título de Doctora en Ciencias Médicas en la Universidad Central de Venezuela, el 31 de Julio de 1939, como oradora de orden nombrada por los colegas de su graduación,  en un tiempo más civilista pues ya había muerto Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras figuraba en la presidencia del país.

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En ese discurso con el que cierra Sara Bendahan el largo sueño de verse graduada de médico en la Venezuela de finales de los años 30 -9 años después de finalizar los estudios de pregrado y tras vencer una larga cadena de problemas personales e incluso una penosa dolencia de salud que en varias ocasiones le interrumpió la culminación de su tesis doctoral- ella se plantea: “¿Qué más se necesita para no sonreír alegremente ni siquiera ante este triunfo? No que el orgullo se apodere de mi espíritu, ¡oh, no!, y lo considere como triunfo científico, mas sí como triunfo extraordinario sobre el medio, los prejuicios, la envidia, las circunstancias que me han rodeado, mi mal estado de salud y por ende la muerte, el tiempo que ha pasado desde la terminación de mis estudios, etc., etc. (…) Los tiempos han cambiado con suma rapidez. Se familiarizó el varón con la presencia de Eva en las aulas y hoy en todas las facultades cursan estudios numerosas estudiantes mujeres, alegrándonos anticipar que en el año próximo finalizarán sus estudios médicos dos inteligentes compatriotas nuestras”.

A la memoria de la doctora Virginia Pereira Álvarez, primera mujer que intentó los estudios médicos en Venezuela, pero que finalmente los realizó en los Estados Unidos; de Lya Imberg quien fuera la primera mujer que siendo extranjera se graduara de médico en Venezuela; y de Elizabeth Garret Anderson, primera mujer que en el mundo abrazó las Ciencias Médicas, señalando así una nueva era a las de su sexoSara Bendahan (en notas de su discurso).


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