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Dr. Heberto Cuenca Carruyo

Por: NurisGonzález | Publicado: 22/02/2017 06:56 |




El doctor Cuenca (Figura 1), "de figura esbelta, cara redonda y expresiva, de trato afable y al mismo tiempo de carácter estricto, inteligente, de recia personalidad y de juicio clínico apuntalado en el estudio y en la experiencia", según palabras del doctor Joel Valencia Parpacén, fue un apasionado por la investigación clínica. Así lo demuestran sus primeros estudios, realizados cuando todavía cursaba la carrera médica. Ellos fueron "Variaciones de las especies leucocitarias en la infección gripal", publicado en 1918, en la revista La Beneficencia, y "La diazo-reacción de Erclich", publicado en la revista del Centro de Estudiantes de Medicina de Caracas.

Figura 1. Dr. Heberto Cuenca Carruyo.

Según información de su hermana Hilda (14), nació el doctor Cuenca en Maracaibo, el 14 de octubre de 1895, en el hogar de sus padres, doctor Raúl Cuenca, eminente y recordado educador zuliano, fundador y director por más de 40 años del Instituto Maracaibo, y de quien se dice que nunca se fastidió de ser maestro, y de su digna esposa, señora Lucrecia Carruyo de Cuenca. Cursó instrucción primaria y secundaria en ese instituto, para llegar al grado de bachiller en filosofía, en septiembre de 1910. Posteriormente se trasladó a Caracas, donde cursaría medicina, de 1916 a 1922, año en el cual obtiene el título de médico cirujano, para que luego, en 1924, lo obtuviera de doctor en ciencias médicas. Durante sus estudios, en 1920, fue preparador de fisiología en la escuela de medicina de Caracas, preparador del laboratorio del Hospital Vargas, en 1921 e Interno del mismo hospital. En 1920 publicó la monografía "Segundo caso de espiroquetosis íctero hemorrágica señalado en Venezuela". Trabajo leído en la Academia de Medicina, en sesión ordinaria No. 523, bajo la presidencia del doctor Arturo Ayala, editado en la Tipografía Americana. Caracas. (14 páginas).

Ya graduado de médico empezó el ejercicio de la profesión en su ciudad natal, donde fundó un laboratorio clínico, y con el doctor H. Sánchez Becerra, la primera clínica privada con hospitalización, llamada Clínica San José. En esa etapa fue vicepresidente del III Congreso Venezolano de Medicina, en 1922. En 1923 publica su libro "Los parásitos desde el punto de vista nosológico nacional" (15), galardonado con el primer premio del certamen de medicina abierto para la celebración de la Batalla Naval de Maracaibo, el 24 de junio de 1924.

En diciembre de 1925, cuando se reinstala la Sociedad Médico Quirúrgico del Zulia por iniciativa del doctor Juan Bautista Jiménez, ocupa la secretaría de esa docta Institución, de la cual fue su presidente en 1930. Un año antes fue recibido por la Academia Nacional de Medicina como Miembro Correspondiente Nacional por el estado Zulia. De principios de 1924 a fines de 1925 viaja, como ya se dijo, a recibir preparación en París, y en 1929, según expresa el doctor José Hernández d’Empaire, "vuelve a los viejos centros hospitalarios de Francia y Alemania, veneros inacabables de ciencia y experiencia y con Bordet perfecciona sus conocimientos de radiología del aparato circulatorio y de electrocardiografía, con Vaquez sigue estudios clínicos sobre el aparato circulatorio, con Besaudes asiste a un curso en Vaugirard sobre radiología del aparato digestivo". Luego de esa nueva y provechosa excursión preparatoria se radica en Maracaibo hasta 1931, para finalmente trasladarse a la ciudad capital en ese año, donde ejerce en la Cruz Roja (1933), y además como Jefe del Servicio de Medicina No. 1 del Hospital Vargas (1936), profesor de clínica médica de la Universidad Central, por concurso, en 1935 y en la clínica Córdoba, desde su arribo, en 1931. Meteórico e impresionante ascenso logrado con méritos propios, por su capacidad de trabajo, sin egoísmos ni traiciones, reconociendo a sus maestros y respetando a sus contemporáneos. Sin embargo, no contento con la labor realizada ni con las posiciones alcanzadas, se da cuenta que debe seguir publicando sus experiencias, y para ello funda en 1935, en acción digna de todo elogio, la primera revista de cardiología del país, a la cual dio el nombre de Archivos Venezolanos de Cardiología y Hematología, similar a la que inicia el nombre de la especialidad (Pitaluga y Galandre) y a la que fundara en México el doctor Ignacio Chávez, cuyo título fue Archivos Latinoamericanos de Cardiología y Hematología, que tuvo vigencia de 1930 hasta 1943, cuando dio paso a la nueva revista Archivos del Instituto Nacional de Cardiología de México (16).

El 8 de abril de 1937 fue electo Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina, correspondiéndole el Sillón XXX, que no llegó a ocupar por su muerte prematura. En efecto, murió trágicamente asesinado por artera bala, producto de una inconcebible incomprensión el 27 de enero de 1938, cuando todavía no había cumplido cuarenta y tres años y cuando apenas comenzaba a trillar el sendero de las grandes conquistas en la ciencia médica, y especialmente en la cardiología. Camino que marcó con hondos y muy bien trazados surcos, en los cuales sobresale su gran bagaje de conocimientos y de reflexiones que le fueron propias; surcos que él entendía y aplicaba con facilidad rayana en la simpleza, al mismo tiempo que con la majestuosidad implícita en su acción consciente y meditada.

Se dice que aquellos que son gratos a los dioses mueren tempranamente, acontecimiento que en este caso ha debido resultar doloroso para algunos, pero en verdad y de sobremanera muy costoso para el futuro de la cardiología venezolana, que vio truncado su avance arrollador con el que el doctor Cuenca lo había iniciado. Con todo, que sirva la interpretación mítica que da inicio a este párrafo para dar consuelo a sus familiares, señora María Luisa Delgado, su esposa, y a María Luisa Cuenca Delgado, su hija, para sus padres y hermanos y para todos sus amigos y colegas, que vieron cómo la ciencia médica, la conciencia y el deber aplicado a la cardiología del país se cubrían de duelo. La noticia se mantuvo por unos días, quizás meses a lo sumo, todos lo lamentaban, hubo verdadera consternación, sinceras demostraciones de dolor, aunque después, como siempre, vendría el silencio, un prolongado e injusto silencio. Y digo injusto porque su desaparición física no podía acallar la inmensidad de su obra al fundar con grandes logros, la cardiología como especialidad en Venezuela.

A él se refiere el doctor Juan José Puigbó (17), en su excelente monografía sobre la historia de la Sociedad Venezolana de Cardiología, de la siguiente manera: "Fue una de las figuras más notables que ha dado la medicina y la especialidad cardiológica en Venezuela, que además de poseer relevantes cualidades en grado excepcional en el plano docente, científico y académico, dio muestras de un comportamiento profesional siempre enmarcado dentro de los más rigurosos principios de la ética. Su trágica desaparición privó a Venezuela de la figura integral y más distinguida que surgiera en los albores de la cardiología venezolana". Del mismo autor, en su reciente libro (18), Puigbó dice de Cuenca: "Ilustre médico, catedrático, ensayista que descolló por sus relevantes dotes dentro del campo de la medicina clínica y de la investigación, pionero de la Cardiología en el Estado Zulia y en Venezuela".

Su labor cardiológica

Se inicia esta especialidad en Venezuela con la actividad médica relacionada con la cardiología desarrollada por el doctor Heberto Cuenca Carruyo, quien la ejerció en su práctica profesional, en la docencia, en su labor asistencial y especialmente en la investigación clínica, acción esta última magistralmente realizada por él al escribir más de noventa trabajos científicos, de los cuales aproximadamente treinta versan sobre la disciplina cardiológica, publicados en la Revista de la Sociedad Médico-Quirúrgica del Zulia (1927-1932), en la Gaceta Médica de Caracas y en Archivos Venezolanos de Cardiología y Hematología, revista fundada y sostenida económica y científicamente por él, así como en otras revistas médicas nacionales y en conferencias magistrales en los principales centros del país.

No era suficiente haber traído a Venezuela el primer electrocardiógrafo (Figura 2) y haber realizado los primeros trazados para ser considerado como pionero de la cardiología venezolana. De no haber sido por su labor investigativa desarrollada clínica, radiológica y electrocardiográficamente, se hubiera interpretado su labor tan sólo como una contribución, pero él hizo más, porque investigó y publicó sus hallazgos, acción por demás importante en el siglo XX, que ha sido el siglo de la mayor cantidad de publicaciones médicas, que llevó a Barret (19) a expresar la frase "publicar o perecer", de por sí sólida y significativa, porque si valioso es describir lo sobresaliente de una observación, señalar el producto de un esfuerzo, desarrollar una tarea médica, es aún más importante contribuir a establecer las cimientes del conocimiento, difundir las experiencias y plantear los problemas para que otras interpretadores juzguen, comprueben y acepten, rechacen o modifiquen la propuesta. La consecuencia es tomar partido, y asimismo, dejar que otros también lo hagan. Y esta fue la gran labor de Cuenca que ahora nos induce a considerarlo como el auténtico iniciador de la cardiología en Venezuela. Estas ventajas propias de las publicaciones, aunque por un tiempo pasen desapercibidas, llegará el momento que nuevas generaciones, aquellas que insensiblemente se han beneficiado de ellas, reclamen y soliciten justicia y exijan, finalmente, reconocimiento al maestro, al investigador, al médico que hizo un esfuerzo mayor que sus contemporáneos.

Figura 2. Primer electrocardiógrafo utilizado en Venezuela por Heberto Cuenca (Maracaibo y Caracas, desde 1925 a 1938).

Y por ello puede concluirse que trece años le bastaron al doctor Cuenca para iniciar y dejar sentadas las bases de la cardiología en su tierra natal y en escala nacional, acción que con el tiempo se constituiría en los albores de esta rama de la ciencia médica en el país. En los años siguientes a su regreso de la primera estadía en Francia, dio a la luz pública los primeros trabajos sobre la especialidad: "Nota preliminar sobre electrocardiografía en Venezuela", presentado en Maracay, en el V Congreso Nacional de Medicina (1925) (20); "Un caso de endoarteritis maligna que simula la endocarditis de tipo Osler (21), "Comunicación interventricular, con estrechez de la arteria pulmonar (22), y "Nota sobre un caso de angina de pecho de origen miocárdico" (23). A simple vista estas publicaciones reflejan la amplitud de los conocimientos cardiológicos de este médico, que sin ir más lejos, ya en ellos reflejaba vastos y variados aspectos de los múltiples campos nosológicos de la materia, como son la electrocardiografía como método de estudio, las cardiopatías congénitas, las arritmias, las cardiopatías infecciosas y las cardiopatías isquémicas. En ese lapso dejó marcada la huella imperecedera de los verdaderos precursores, señal que asimismo lleváronlo a ser reconocido, en su tiempo, como factor fundamental del carácter académico y científico que siempre supo imprimir a sus actuaciones como médico y como investigador clínico. Por ello y por sus cualidades innatas y estatura científica y ética derivaron las distinciones de las que era objeto por sus coetáneos. Labor que adquiere relieve especialmente cuando se conoce que el Zulia se encontraba huérfana del acicate universitario desde 1904, para tomar nuevamente este rumbo en 1946. Es decir, que durante toda su actividad en el Zulia, Cuenca no contó con el apoyo y estímulo que significa la presencia universitaria.


http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0367-47622006000100007

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