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Dr. Pedro Hidalgo Merlyn

Por: NurisGonzález | Publicado: 22/02/2017 06:51 |




Apenas llegaba la noche del 15 de junio de 1.935 cuando Nieves --comadrona de Campo Rojo—anunció en alta voz… ¡Es varón! ¡Es varón!... opacando con su grito el último quejido proferido por Medarda del Carmen Merlyn en su proceso de embarazo. Había nacido el niño Pedro y, de inmediato ella lo tomó en sus brazos y besó su tierna cara aun empapada con los fluidos de su vientre. Era el primogénito de una abnegada mujer a quien todavía resentían los resabios ancestrales de la ignominiosa esclavitud que embargara a sus antepasados en la Guayana Esequiva y, procreado con su marido Pedro Hidalgo, un humilde obrero al servicio de la empresa Creole Petroleum Corporation. La modesta casa donde tuvo lugar el alumbramiento pertenecía al campamento “Campo Rojo” que la transnacional petrolera favorecida por el jugoso contrato de explotación había construido separadamente, a manera de “colonia”, del resto de la población. Quizás estos dos factores sembraron en el viejo Pedro Hidalgo su afición por la actividad sindical a través de la cual drenara su innata inquietud de libertad y de lucha por sus compañeros de clase; y tal vez esos mismos factores provocaron en su hijo Pedro la sed por la libertad intelectual que cautivaría la formación profesional que desde muy pequeño le abrumó. Lo cierto fue que Medarda del Carmen Merlyn no descansó en transmitir al pequeño Pedro su desvelo en hacer de él un medico distinguido, sin saber, que su legítima aspiración estaba en perfecta armonía con la natural aptitud vocacional de su hijo por la medicina. Pero estando domiciliado en la costa oriental del lago no resultaba fácil para él desarrollar su vocación en Maracaibo. Ante todo debía utilizar varios medios de transporte automotor para cumplir el largo trayecto: De Lagunillas a Cabimas, de Cabimas a Palmarejo y, una vez en ésta, abordar el ferris boat que surcaba las aguas del lago con destino a Maracaibo. El tedioso periplo le exigía salir desde su residencia a las cuatro de la madrugada, por lo menos, para arribar a las seis y quince minutos a la Ciega, en Maracaibo, y tomar allí el transporte dispuesto por la Universidad para conducir a los alumnos de la costa oriental a la sede de la Escuela de Medicina. El, sin embargo, se consideraba entrenado para la apremiante coyuntura, pues, la había enfrentado al momento de cursar los últimos años de bachillerato en el instituto “Nuestra Señora de la Chiquinquira”, conocido como “Hermanos Maristas”.

Junto a un grupo de jóvenes entusiastas, Pedro Hidalgo Merlyn ingresó a la Escuela de Medicina de la Universidad del Zulia en el año 1955, justo cuando el imperante régimen militar que dominaba al país comenzaba a dar muestras de declinación. La sempiterna peregrinación de todos los días no lograba mellar la energía desbordante con la cual el joven universitario iba y venía de Maracaibo a Lagunillas, no quebrantada siquiera por los menguados recursos económicos insuficientes para satisfacer las ingentes necesidades a lo cual aquello daba lugar. El primer año del periodo académico de la carrera de medicina concluyó satisfactoriamente para Pedro, aunque sin tiempo para que pudiera presentir la adversa vicisitud que inevitablemente le aguardaba. En efecto, la perdida sobrevenida del sentido de la vista por su padre trastocó gravemente la débil economía hogareña y la posibilidad real de poder continuar sus estudios en Maracaibo. Ante aquel evento insuperable debió acudir rápidamente al auxilio de su padre enfermo y brindar protección a la modesta organización familiar sin más alternativa que enrolarse como “oficce boy” en la empresa petrolera que tenía asignada la explotación de “Campo Rojo”. Allí se desempeñó un tiempo como tal obrero incipiente, luego como auxiliar de contabilidad y, últimamente, como amanuense en el departamento de propiedades.

Habían transcurrido tres años de su separación de las aulas universitarias y todo indicaba que Pedro, empeñado en su trabajo, había perdido interés por la medicina. Pero un buen día –movido por el amor que dispensaba a su prometida Francia Useche— le propuso matrimonio sin sospechar que ella condicionaría con firmeza su sensible pedimento: “¡Si Pedro, a cambio de una cosa! ¡Qué retomes la carrera de medicina!”. Pedro Hidalgo no esperaba de su amada un acondicionamiento semejante y quedó sin capacidad de respuesta sabiendo que las palabras de su prometida iban cargadas del mismo infinito porvenir que tanto anhelaba su madre Medarda.

Era el año 1.958 cuando Pedro Hidalgo Merlyn retomó los estudios de medicina e ingresó al segundo año de la carrera. Siendo la ocasión del primer día de clases venía poseído del mismo brío del año 1955, pero lo invadió la nostalgia cuando encontró a sus otrora compañeros ocupando el aula del cuarto año y, entre éstos, le pareció ver todavía a Bernardo Rodríguez y a Orlando Castejón disputarse quién de todos sacaba las mejores notas. El camino ya trillado por sus viejos compañeros encendió de inmediato el ánimo de su diuturna y sacrificada tarea, obteniendo sin contratiempo el título de médico cirujano en el año 1.964. Sin duda que la extracción humilde y los principios y valores que le insuflara la modesta organización familiar dieron sustento al alto grado de formación académica y al alto grado de sensibilidad y solidaridad social obtenida en el correspondiente proceso de formación.

Desde un principio le atrajo la cardiología entre las diversas y complejas especialidades de la ciencia médica y con tal propósito ingresó dos años más tarde al “Instituto de Cardiología” de Sao Paulo, Brasil, donde siguió estudios superiores de especialización en cardiología y hemodinamia. La “Historia de la Cardiología en Venezuela”, editada por la Sociedad Venezolana de Cardiología (2012), reseña la prolífica labor del distinguido galeno: La participación como Miembro Titular de la Sociedad Venezolana de Cardiología (1971); la participación profesional en números centros nacionales e internacionales; la actividad docente desplegada como Médico Especialista I en el servicio de cardiología del Hospital Universitario de Maracaibo (l.964); el desempeño como Jefe del Servicio de Cardiología (1983-1997) y como Jefe del Departamento de Medicina (1987-1994) del mismo centro hospitalario; a lo cual se agrega la organización de la Unidad de Hemodinamia (1970) y la creación de la Unidad de Cardiología Pediátrica. La citada publicación destaca la actividad docente desplegada por más de veinte años bajo la categoría de Profesor de Clínica Cardiológica de la Universidad del Zulia, así como la participación como Miembro de la Sociedad Venezolana de Cardiología y como Miembro de la Sociedad Latinoamericana de Cardiología Intervencionista (1995), citando los numerosos trabajos realizados en el campo de la cardiología intervencionista y los aportes en qué consiste la primera cineangiografría selectiva por el método Sones (1968) realizada en el Hospital Universitario de Maracaibo; y la ejecución del Primer Implante de Stent coronario (1996) en cooperación con los doctores Pablo Díaz Galban, Douglas Inciarte y Pedro Hidalgo Useche.

A sus ochenta años de edad Pedro Hidalgo Merlyn ejerce liberalmente su profesión con la inquebrantable disciplina de sus años mozos y dicha experiencia lo definen como uno de los profesionales de la cardiología de mayor autoridad en la región y en el país. Empero, hay un detalle distinto al reconocido academicismo que no puede quedar ajeno a la presente crónica, cual es, la sensible condición humana que distingue e identifica al viejo galeno. Pedro Hidalgo Merlyn pertenece a esa estirpe de individualidades que formados en un ambiente de pobreza y sacrificio han sido penetrados de exquisita sensibilidad humana. A su juicio, la más solida formación académica sería un estante vacío si no va acompañada de un sistema de principios y valores capaces de hacer lo mejor de uno mismo. Aprendió así a vivir para la familia, a dominar sus emociones y superarse por sí mismo conforme a los postulados de los viejos hogares y los antiguos colegios. Con determinación para abrir su juventud a los inmensos dominios de la cultura, la ciencia y el desarrollo; y con determinación para construir una familia digna y servir de modelo a sus hijos: Francia, abogada; Pedro, medico; Mónica, economista, procreados con Francia Useche; y Pablo, abogado, procreado en segundas nupcias con Antonieta Marcano. Buen profesional y buen ciudadano, las dos categorías del éxito bien entendido. Condición indiscutible que lo hace saberse grande pero pequeño a la vez. Grande frente al paciente que en sus manos recupera la vida y la salud perdida. Pequeño cuando viene a su memoria la imagen de su padre despojándose de sus zapatos en una noche cualquiera para permitirle en la mañana siguiente asistir a clases con zapatos en buen estado. Precavido, procura apartarse de la vida tediosa y rutinaria, y verse rodeado de buenos amigos en amena conversación, constituye su mayor gozo. Libar con ellos una copa de licor. Escuchar un tango. Degustar un plato de cecina en coco o una langosta a la termidor. Su invariable trato gentil y respetuoso modela su fecunda y equilibrada personalidad y pone de relieve su grata condición humana.

En tiempos de nulidades engreídas, de líderes sin ideas propias ni ajenas y, de “filósofos de pacotilla que hablan de Kant con naturalidad”—como dijera una vez Rafael Yepez Trujillo-- las incontables horas de desvelo de Pedro Hidalgo Merlyn, su formación profesional y su indiscutible condición humana, rescatan la semblanza del Zulia que vive en el corazón de los zulianos. Quizá en atención a estos y otros atributos sus amigos le llaman “Palo de Hombre” para expresar con ello que su silueta forma parte de la historia de la región.

http://www.panorama.com.ve/experienciapanorama/PERFIL-El-desvelo-de-Pedro-Hidalgo-20160927-0021.html

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