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El germinador de especialistas de medicina interna en...

Por: NurisGonzález | Publicado: 17/02/2017 12:11 | |




El germinador de especialistas de medicina interna en Venezuela.

ImagenMiembro Fundador de la SVMI

Nació en la ciudad de Caracas el día 04 de agosto de 1922 y falleció en la misma ciudad el 27 de diciembre de 1979. Sus Padres: Don Elías Benaim Pilo y Doña Estrella Pinto de Benaim.

Benaim fue un ilustre médico internista venezolano que se destacó por ser uno de los más brillantes representantes de esta disciplina en el país.

Con dotes de clínico sagaz e investigador que poseía además una sólida formación integral, de trato sencillo, su vasta cultura despertó el aprecio de sus numerosos discípulos y merece ser colocado en un sitial de honor dentro de la medicina nacional.

Obtuvo el Título de Doctor en Ciencias Médicas en la Universidad Central de Venezuela en 1945. Concursó en el Hospital Vargas en el cual obtuvo la máxima calificación, hasta culminar como Profesor Titular de la Cátedra en Medicina. En el hospital Universitario de Caracas (1958). También se desempeñó como Profesor Encargado de la Cátedra de Patología Tropical (1949) y ejerció dentro de la Escuela de Salud Pública de la UCV el cargo de: Co-director y Profesor del Curso de post-grado de Medicina Interna.

Desarrolló una intensa labor en el campo de la investigación clínica y fue el Fundador y Director del Laboratorio de la Cátedra de Medicina del Hospital Universitario el cual inició sus actividades a partir del año 1960. Fue Miembro Fundador de la Sociedad Venezolana de Medicina Interna (1956).

Ingresó a la Academia Nacional de Medicina en el año 1963 como Miembro Correspondiente y se incorporó como Individuo de Número en 1976. Considerado un docente dotado de excepcionales virtudes, cuya figura emerge en la historia dentro de la línea de sucesión de figuras notables tales como:

Francisco A. Rísquez, Santos Dominici, Manuel Ángel Dagnino, B. Perdomo Hurtado, Herberto Cuenca y José María Ruiz Rodríguez. Medicina, Caracas, Venezuela.

Destaca con su obra: Significación de la Queja, en la Relación del Médico con el Paciente y del Paciente con el Médico. Caracas: UCV Ediciones del Rectorado, 1983.

Por Juan José Puigbó. Archivos de la Academia Nacional de Medicina. Caracas. Venezuela.

Ahora quién fue ese gran hombre y médico ejemplar, escuchemolos de su hija:

Su diagnóstico: esto es un mesotelioma retropericárdico. "Viste, ahora sí se volvió loco. Yo ni sé cómo llegó a ese diagnóstico, te digo que eso es por toda la psicología que le quiere meter a la medicina". Cuando llegaron los anatomopatólogos para dar la conclusión final: en efecto, el paciente había muerto de un mesotelioma retropericárdico.

Sobre todo los que fueron sus alumnos: Era extraordinario, dicen, la pasión con la que enseñaba no tiene igual. Que aparte de buen médico y profesor, era excelente ser humano. Y que él, junto con Augusto León, José Sanabria, Oto Lima Gómez, y otros grandes hombres fueron padres de la medicina interna en Venezuela e hizo que ésta creciera y se extendiera por todo el país.

Estudió su postgrado de medicina interna en Estados Unidos, volvió a Venezuela empeñado en traer a su país esa especialidad y todo el conocimiento que viene con ella. En 1956 publicó un artículo en la revista Acta Venezolana titulado "La Sociedad Venezolana de Medicina Interna: una inaplazable necesidad" y que, meses después, formó parte del grupo que fundó la Sociedad, de la que luego fue vocal, secretario general y presidente. Aparecerá como individuo de número en la Academia Nacional de Medicina, como fundador del Laboratorio de Investigaciones Clínicas y de la Consulta de Reumatología en el Hospital Universitario de Caracas y portador de la órden de: Andrés Bello, Cecilio Acosta, José María Vargas, José Izquierdo y Francisco de Miranda.

Fue presidente de la SVMI que en 1959 se dirigió a José Ignacio Baldó quien dada su reputación tenia todo el aval del presidente de la republica para ese entonces don Rómulo Betancourt para decirle lo necesario que era hacer un postgrado de medicina interna y como en octubre de ese año lo fundó y dirigió hasta 1979.

Habla sobre él, Tania Benaim no solo para decir lo extraordinario que fue ese hombre sino con su memoria cargada de emociones y anécdotas más que con datos estádisticos.

Médico, psicólogo y antropólogo

Entendía la psique del paciente. Un paciente muy rico que se había ido de Venezuela a montar un negocio en España y se había devuelto completamente quebrado y había tenido que vender todas sus propiedades. Le dice un residente solo tiene una depresión, que lo que debían hacer era mandarlo a psiquiatría. "Déjamelo aquí porque este señor está tan deprimido que va a tener un problema físico", le contestó el Dr. Benaim y lo tuvo allí casi un mes porque el hombre no comía y se quejaba muchísimo. Hasta que un día le tocó el abdomen y dijo que ahí estaba lo que él había estado esperando. "Aquí está la consecuencia de su depresión: un tumor de páncreas".

Se impresionaba cómo podía llegar a influir una enfermedad en la vida de una persona por lo difícil que es desplazarse por el mundo con una limitación. Y reflexionaba muchísimo sobre eso y también sobre cómo los problemas sociales o personales de alguien pueden derivar en enfermedad".

Por eso insistía en la importancia de la relación del médico con su paciente. Tan importante era para él, que se obligó a aprender distintos idiomas de manera autodidacta. Para sentir lo que el otro siente, decía, se debe hablar en su idioma. Sabía hablar en inglés, italiano, francésy algo de alemán. "Era fuera de serie", dice la doctora Benaim.

Hacía unas sesiones llamadas "Diálogo con los pacientes". La cosa consistía en entrevistar a algunos pacientes para analizar su vida personal y ver cómo ésta influía en la enfermedad que lo tenía hospitalizado. Luego de la entrevista, escribía documentos que explicaban las consecuencias de la emocionalidad sobre el estado físico y se los daba a sus estudiantes.

Era poeta y que por eso los títulos de esos documentos eran una cosa de antología. Su esposa Alicia Mamán de Benaim, tiene todo archivado en la casa y mencionan "El mundo del enfermo y el enfermo como mundo"; "El deseo de volver a vivir"; "Mundo mágico"; "Reacción neurótica e infidelidad matrimonial: el problema de la responsabilidad y la libertad"; "Problemas psicosociales de una joven diabética"; "La grúa enferma"; "El mundo de la voz".

"Es que es apasionante", dice. "Porque cuando tú oyes que tal persona es diabética piensas que esa persona tiene una dieta especial y que se tiene que inyectar insulina y ya no piensas nada más. Pero no te das cuenta del impacto emocional que genera tener una rutina diferente a toda la gente que está a tú alrededor, la frustración que produce no comer lo que uno quiere y la incertidumbre de no saber hasta dónde va a llegar esa enfermedad. O si ves a una niña con problemas motrices no piensas demasiado en lo que ella siente al ver a sus amigos brincando y jugando y bailando. Por eso él insistía en tener una verdadera conversación con el yo de cada una de las personas que sufrían una enfermedad, porque esa enfermedad no es sólo física sino también emocional, social y familiar. Y eso fue lo que él le enseñó ageneraciones enteras de médicos".

Pero no sólo insistía en eso. El médico no sólo tiene que ser muy humano y contar con la capacidad de generar una empatía especial con el paciente. El buen médico internista está en la obligación de tener un conocimiento científico profundo, con un método impecable y estar siempre al día. Henrique Benaim Pinto no concebía que un doctor, no fuese la perpetua actualización en persona. Además culto, siempre llevaba consigo un libro y un lápiz. Cuando iba al cine no lo cerraba, y sólo dejaba de subrayar hasta que no se terminaran los comerciales previos a la película. En su carro cargaba una lamparita para no perder la oportunidad de estudiar en las colas. Y cuando viajaba a cualquier país extranjero, su primera parada era la librería más importante de la ciudad. Como ejemplo de lo que predicaba era digno, como padre era increíble, como hombre disfrutaba el estudio de la ciencia, para el trato eficiente con sus pacientes. Dijo Tania.

Tan humano como su medicina

Se ha dicho que los científicos son inhumanos que son incapaces de relacionarse con los humanos que tienen a su alrededor. Nada con respecto a eso, dice. "La verdad es que tú te esperas que este tipo de gente tan rigurosa en la parte académica a lo mejor es así porque su parte emocional es algo deficitaria o porque no manejan bien la parte afectiva que los haría perder la objetividad y por eso se vuelcan hacia el otro lado. Pero papá era muy humano y afectuoso también".

Fue un hombre tan polifacético. Leía, estudiaba, iba al cine, a cuanta fiesta lo invitaran, coleccionaba estampillas y monedas, tenía pájaros de mascotas, cantaba las óperas de Caruso y Verdi en la ducha, bailaba valses con su esposa y su hija cuando llegaba del trabajo. Y si sus alumnos tenían algún evento social de cualquier tipo en lugar más recóndito de Caracas, se iba hasta allá para estar con su gente. Con su bondad y sus acciones tenía a cientos de pacientes que lo amaban.

"Imagínate tú que cuando él falleció nosotros teníamos que consolar a los pacientes y decirles que no se angustiaran, que les íbamos a recomendar a otro médico tan bueno como mi papá. Forjó relaciones tan cercanas con ellos que todavía hoy en día, más de treinta años después de que falleció, me encuentro a personas que me dicen que un médico como mi papá no ha vuelto a ejercer".

Y además, vivía haciendo caridades. Se la pasaba sin cobrar sus consultas y consiguiéndoles a personas necesitadas medicinas y cupos en el hospital. Recuerda, sobre todo, el caso de Vaipues. "Era una maracucha que trabajaba limpiando en el Hospital Universitario. La llamaban Vaipues porque todo el tiempo se la pasaba diciendo ‘vaipues’ tal cosa, ‘vaipues’ tal otra.

Bueno, una amiga muy cercana de ella se murió y dejó a cinco niños huérfanos, y ella dijo que no podía dejar a esos niños así en la calle y los adoptó. Y mi papá dijo que lo mínimo que podía hacer ante este noble acto era ayudar a criarlos. Entonces la ayudó con todo: les pagó la escolaridad, los ayudó con los gastos de la casa y prácticamente los apadrinó hasta que se graduaron todos. Cuando mi papá murió, se expresó un duelo sentido con el alma; Lloraba y lloraba y decía que nunca había tenido un hombre en su vida y que mi papá había sido como un papá para ella".

En todas partes, donde valoren las hazañas de hombres claves en el desarrollo de esta especialidad; promocionaran a este gran hombre, médico y su inmenso legado. Aprecio a sus pacientes, que no han conseguido a otro igual; a sus colegas, que todavía resienten su ausencia; y a sus estudiantes, que han esparcido su legado por el país entero, aun recogen la cosecha de las semillas que sembró el Dr. Henrique Benaim Pinto.

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