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Dra. María Josefina Núñez

Por: NurisGonzález | Creado: 22/10/2011 05:44 |
María Josefina Núñez Cortés nació el 28 de febrero de 1937 en Chirgua, Distrito Bejuma del estado Carabobo. Su niñez y parte de su adolescencia transcurrió en Puerto Cabello. Es educada por las monjas de San José de Tarbes, con quienes aprendió el francés y cultura general; con ellas nace el amor por la Historia y la familia. Realiza estudios de bachillerato en el Liceo Aplicación de Caracas. Atraída por una contagiosa vocación familiar de dieciséis parientes médicos, realiza estudios de Medicina en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Durante su carrera realizó el internado en el Hospital Oncológico "Luis Razetti", al cual regresó después de graduada, para completar su formación; llegó a ser médico adjunto del Servicio de Medicina Interna en dicho hospital.
Se graduó de Médico Cirujano en 1959 y, entre 1961 y 1963, realizó el posgrado de Medicina Interna en el Servicio de Medicina III del Hospital Universitario de Caracas, dirigido por el Dr. Augusto León. Se trasladó a los Estados Unidos para realizar el Postgrado de Enfermedades Infecciosas en el New England Medical Center de la Universidad de Tufs, entre 1968 y 1970. Fue alumna del Dr. Louis Weinstein, padre de la Infectología mundial. Durante tres años hizo un curso de Microbiología en el Departamento de Microbiología del Instituto Tecnológico de Masachussetts, con el profesor y Premio Nobel Salvador Luria. También realizó pasantía por el Laboratorio de Micobacterias del Hospital Hammersmith de Londres, con el profesor Mitchitson.
De 1971 a 1976 fue coordinadora docente del Postgrado de Medicina Interna del Hospital Universitario de Caracas (UCV). Desde 1981, y durante tres períodos consecutivos, se ha desempeñado como Jefe por concurso del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Adulto y del Posgrado de Infectología del Hospital Universitario de Caracas.
De 1983 a 1991 fue Jefe de la Cátedra de Microbiología de la Escuela de Medicina Luis Razetti, a la cual ya pertenecía desde 1975.
María Josefina Núñez es el primer infectólogo con formación de postgrado que aparece en el escenario médico venezolano. En 1985, en el Hospital Universitario de Caracas, transformó la residencia programada de Infectología que existía desde 1976, en el primer curso de posgrado universitario de la especialidad. Es también la fundadora del Curso de Microbiología General y del Laboratorio correspondiente de la Universidad Simón Bolívar, a los que se dedicó durante tres años consecutivos.
Tuvo el privilegio de ser alumna de los doctores Enrique Benaím Pinto, Augusto León, José Lamberti y Leopoldo Briceño Iragorry, a los cuales rinde tributo de admiración.
En 1991 se conmemoró el Centenario de la creación de la primera Cátedra de Microbiología en Venezuela, por el Dr. José Gregorio Hernández, momento en el que la Dra. Núñez ejercía la jefatura de la misma. A tal efecto, coordinó una comisión de trabajo que culminó con la realización de diversos eventos científicos y académicos y la publicación del libro "Microbiología Médica", en dos tomos, producto de la colaboración de varios profesores e investigadores y editado por ella como editora principal al lado de María Josefina Gómez y Oswaldo Carmona. Esta obra cristaliza gracias al apoyo obtenido por el Rectorado de la Universidad Central de Venezuela. Actualmente existe una segunda edición en un solo tomo.
María Josefina Núñez ha sido profesor visitante de la Universidad de Harvard (compartió con el famoso Dr. Edward Kass en 1986) y del Departamento de Microbiología de la Universidad de Tufs (invitada por su colega y amigo, el Dr. Moselio Schaeicher, en 1993).
Ha publicado numerosos trabajos de investigación en prestigiosas revistas científicas, siendo sus líneas fundamentales la antibioticoterapia y las infecciones por estafilococos. Tradujo al castellano el libro de William Pratt sobre Quimioterapia de la Infección.
Ha dictado cientos de conferencias y participado en innumerables mesas redondas, simposia y cursos de actualización, en congresos y eventos científicos diversos, tanto en Venezuela como en los Estados Unidos y diferentes países de América Latina y Europa.
Ha dirigido o tutoreado muchos trabajos de ascensos y tesis de grado, y pertenece a diversas sociedades científicas y comisiones de trabajo. Ha recibido las siguientes distinciones: Diploma del Educational Council Foreign Medical Graduates (ECFMG) (1967); Condecoración "Francisco de Miranda" en su 2ª Clase (1974); Condecoración "Orden al Mérito en el Trabajo" en su 2ª Clase (1974); Medalla Municipal 1984-1985, otorgada por el Consejo Municipal del Distrito Sucre (1985); Condecoración "José Izquierdo" al Mérito Docente, otorgada por el Colegio de Médicos del Distrito Federal (1992); Condecoración "Enrique Tejera", otorgada por el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (1995), Medalla del Hospital Universitario de Caracas (1996); Condecoración José María Vargas concedida por la UCV (1998); Condecoración José Ignacio Baldó concedida por el MSAS (1999) y Diploma como miembro del American College of Physicians (fellow) (1999). En el año 1998 recibió una placa de reconocimiento otorgada por la Cátedra de Microbiología de la Escuela de Medicina Luis Razetti (UCV) y en el año 2000 recibió placas otorgadas por el Hospital Universitario de Caracas y el Departamento de Medicina de este hospital.
Londres, Madrid y New York son sus ciudades favoritas, pero reconoce especial predilección por Boston, en la que vivió durante cuatro años y a la que visita con mucha frecuencia.
Los que somos sus amigos o íntimos colegas la llamamos "María Jota", y conocemos su gusto por el buen teatro y la lectura, especialmente de autores latinoamericanos como Rómulo Gallegos, Miguel Otero Silva, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Su pasión por la Historia es tan marcada que siente que era alternativa profesional de no haber sido médico.
María Josefina Núñez, poseedora de un temperamento recio y exigente, es ejemplo de perseverancia y apoyo a la disciplina y a la excelencia. Por ello se ha ganado el respeto y la admiración de sus colegas y alumnos, y ya ocupa un lugar meritorio en la medicina venezolana.


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Dr. Gustavo Prieto

Por: NurisGonzález | Creado: 22/10/2011 05:41 |
Gustavo Prieto Colina nació el 17 de noviembre de 1936 en la ciudad de Maracaibo, siendo sus padres Guillermo Prieto (fallecido) y Eladia Colina. Fueron sus hermanos Luis Prieto y Elsa Prieto de Guerra. Realizó sus primeros estudios en el Colegio Chávez y se graduó de Bachiller en el Liceo Rafael María Baralt, en su ciudad natal. Obtuvo el título de Médico Cirujano en julio de 1962, en la Universidad del Zulia (LUZ).
Es tan amplia la trayectoria del doctor Gustavo Prieto, que a los pocos años de su labor como profesor universitario, en la Cátedra de Microbiología de la facultad de Medicina de LUZ, se marcha al exterior a realizar el post-doctoral Fellow en Microbiología Médica en la Universidad de Stanford, EUA (1964­-1966). Fue contratado en mayo de 1963 como profesor de La Universidad del Zulia, y jubilado el 1 de noviembre de 1987 como profesor titular.
Desde 1966 a 1978 fue jefe de la Cátedra de Microbiología de la Facultad de Medicina de LUZ. Desde 1968 a 1979 organizó las pasantías hospitalarias de la Escuela de Bioanalistas de dicha universidad.
En el año de 1976, junto con un grupo de médicos soñadores, idealistas y duros trabajadores, como nos lo refiere el doctor Helman Serrano, se dio a la tarea de planificar y colocar las fundaciones de las estructuras de un hospital privado que pasó a ser el Hospital Clínico, y a él le tocó la tarea de crear la Unidad de Laboratorio Clínico.
En 1977, y antes de su jubilación de la LUZ, crea el Centro Regional de Referencia Bacteriológica, conocido y respetado a nivel nacional e internacional, por sus logros en el campo de la genética bacteriana.
Publica más de cien trabajos de investigación y ochenta y siete los presenta en eventos internacionales de su especialidad. Realiza más de trece trabajos en colaboración con otras instituciones internacionales de Londres, París, Rumania, Polonia, Uruguay y Estados Unidos, Muere el 19 de octubre de 1996, luego de una penosa enfermedad.
Quienes conocimos y compartimos opiniones con el Dr. Prieto Colina podemos dar fe su sensibilidad humana y de su interés por la enseñanza. El doctor Prieto, ante los ojos de muchos, irradiaba soberbia, dureza, rigidez; pero detrás de esa imagen se escondía un espíritu de mucha nobleza y dignidad humana. El doctor Helman Serrano, quien fue su condiscípulo y amigo, refiriéndose a la personalidad del doctor Prieto, dice: "Es obligatorio que haga resaltar sus virtudes: el amor a su anciana madre tenía características de casi veneración, y aun en las últimas semanas de su enfermedad, se obligaba a salir de su habitación para visitarla, como lo hacía cuando estaba sano. Teniendo a Dios por testigo, puedo dar fe de que Gustavo Prieto en ninguno de sus actos, desde que yo lo conocí, tuvo la intención de dañar en forma voluntaria a ninguno de sus semejantes, colegas o subalternos.
Fue respetuoso de la opinión de los demás, pero siempre puso los intereses institucionales, bien sea universitarios o del hospital, por encima de los intereses personales. Finalmente su adicción al trabajo, como fuente de crecimiento y prosperidad fue la fuerza que lo mantuvo de pie, hasta los últimos momentos de su vida".
Doctor Prieto, usted siempre estará vivo entre nosotros, y su ejemplo será constante estímulo par nuestro aprendizaje.
Gustavo Prieto Colina ha dejado huella imborrable en quienes se formaron al cobijo de sus enseñanzas y conocimientos. Fue un hombre entregado a la docencia sin límites. Su mayor devoción era la formación de verdaderos valores para el estudio de la Microbiología, porque, por encima de todo, era un microbiólogo integral.
A los maestros buenos, nobles y honrados, son a los que Venezuela tendrá de ejemplo permanente para su redención.

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Dra. Berta Viera de Torres

Por: NurisGonzález | Creado: 22/10/2011 05:37 |
Berta Viera de Torres nació en la ciudad de Caracas el 19 de febrero de 1936 ya finalizando el lapso de Acuario, en la parroquia de San José, siendo la séptima de doce hermanos, cuatro mujeres y ocho hombres. Sus padres fueron hijos de inmigrantes españoles de origen muy humilde y para quienes significó una enorme tarea darle educación a familia tan numerosa, logrando hacer profesionales de éxito en diversas ramas a seis de ellos. Su primaria la realiza en la Escuela Municipal Experimental José Gil Fortoul, la cual le aportó una educación integral de primera línea, y como ella misma relata: ... "esta escuela me enseñó a pensar e integrar los conocimientos básicos al mismo tiempo que nos impartía nociones sobre apreciación musical, danza, deportes, gimnasia rítmica y ballet, éste último lo practiqué con éxito por algunos años, y todavía hoy día, sigo considerando un verdadero privilegio el haber disfrutado de tan excelente formación". Al finalizar sus estudios de primaria cursa bachillerato en el recordado y famoso Liceo Andrés Bello, donde brillantes profesores le señalaron el rumbo de la constancia en el aprendizaje. Para mayor fortuna, su hermana mayor, Felicitas Viera, ha sido su hermana y docente. Muy joven accede a la Universidad y opta por Medicina, inscribiéndose en la Universidad Central de Venezuela (UCV), la casa que vence las sombras, y allí a la par que aprende el ejercicio de tan exigente carrera, se enamora, y seis meses después de recibir su título se casa con el Dr. Jesús Torres Solarte, unión de la cual nacen cuatro hijos, tres varones y una hembra, Los tres mayores siguen la senda caminada por los padres y hoy día son Cardiólogo-Hemodinamista, el primero, Hemato-Oncóloga, la segunda e Internista e Infectólogo, el tercero; el más joven de la dinastía opta por la Comunicación Social y hoy día se desempeña como Gerente General de Sony Entertainment Television. Todos están casados y con hijos. Durante 25 años Berta Viera de Torres se dedica a la docencia en la Escuela de Bioanálisis de la Facultad de Medicina de la UCV, impartiendo conocimientos a cientos de estudiantes y, desde la Cátedra de Microbiología, en principio como adjunta y posteriormente y hasta el momento de su jubilación, como Jefe de Cátedra. Simultáneamente se desempeñó durante algún tiempo como representante de los Profesores ante el Consejo de la Escuela de Bioanálisis. En el año 1974 realiza un Máster en Virología en el Instituto de Investigaciones Científicas de Venezuela (IVIC), obteniendo el primer premio, mención en Medicina, del CONICIT por su Trabajo de Investigación "Estudio Epidemiológico y Aislamiento del Rotavirus en Venezuela", primer estudio de esta naturaleza en el país y con el cual inicia sus años subsiguientes de investigación y publicaciones en dicho centro de la mano de su tutor y amigo el Dr. José Esparza. Esos años de dedicación al mundo de la virología, en un país que apenas se iniciaba en la investigación de dicho campo, le sirven de aval para optar por un año de investigación en técnicas de diagnóstico y cultivo virales en uno de los dos centros mundiales más importantes en dicha área, el Hospital for Sick Children, en la ciudad de Toronto, Canadá, al lado del Profesor Peter Middleton. Ambos posgrados alcanzan un meritorio valor por el hecho de haberlos realizado una vez casada y con cuatro hijos, quienes junto a su esposo le brindan el apoyo y la solidaridad necesaria para que los culminara con éxito. La experiencia en Canadá fue particularmente enriquecedora, no sólo por las habilidades y destrezas adquiridas sino por el aporte de una visión clara sobre la importancia, para su sociedad, de incorporar la virología a la investigación y a la práctica clínica diaria. A su regreso al país, se dedica a modificar el pensum docente de la Cátedra de Microbiología, imprimiéndole el peso requerido por la Virología, la cual logra extenderse en los estudios de Bioanálisis a un semestre completo. Durante toda su vida Berta Viera de Torres ha sido siempre una persona muy exigente, estudiosa, cumplida, y celosa de que las cosas sean siempre mejores, y convencida de su enorme responsabilidad en la formación de un profesional del equipo de salud preparado para trabajar por y para la vida. Inicia cambios en la forma de adiestramiento práctico de sus estudiantes y de esta manera, se empeña en modificar el abordaje de las actividades prácticas en bacteriología, donde decide iniciar cada actividad práctica de aislamiento de un germen dado con una pequeña historia clínica, orientadora de la posible patología, que permitiera desarrollar en el estudiante la acuciosidad necesaria para su ejercicio. De la misma manera fue pionera de las llamadas "Prácticas Hospitalarias" en la cual los estudiantes del último semestre de la carrera rotaban en instituciones públicas o privadas, a manera de pasantía, logrando probar de esta manera, las habilidades adquiridas e imprimiéndole la confianza necesaria para el ejercicio responsable y comprometido.
Su motivación insaciable, buscando siempre acercarse a eso que llaman "la verdad", le hicieron merecedora de cinco promociones de la Escuela de Bioanálisis, honrándola con su nombre como madrina. Su familia piensa que todo el que se acerca a ella nunca se va con las manos vacías y siempre obtiene actitudes solidarias, amorosas y de ayuda de todo tipo, espiritual y material.
En la actualidad, un espíritu inquieto como el de ella busca nuevos derroteros y al mismo tiempo que hace cursos para lograr la Maestría de Practice Conditioner en Programación Neurolingüística, escribe una columna mensual sobre medicina, salud, y ejercicios en el periódico Panacea (periódico de salud que circula encartado en El Nacional). Cónsono con lo que allí pregona, practica ejercicios, diarios en el Parque del Este por espacio de dos horas, luego, en un prestigioso Club de la ciudad, ejercita además bailoterapia, aeróbicos, taebo, yoga y pesas dirigidas. Además de todas estas actividades le gusta viajar y escuchar música y como ella misma expresa "el amor de mi familia, el orgullo y amor que por ellos siento, aunado a mi bienestar físico-mental, hace que me sienta feliz, en paz y armonía... y pienso que la vida y Dios han sido muy generosos conmigo y los míos". Esta generosidad le ha permitido llevar una vida plena, y al tiempo que ha podido desarrollar su potencial y expectativas profesionales como médico científico, ha podido crecer y ver crecer en amor a su pareja, sus hijos, y los hijos de sus hijos, que hoy día la rodean y se nutren de esa fuente de energía, empuje y amor que emana incesantemente de su "mama".


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Dr. Edgar Belfort

Por: NurisGonzález | Creado: 22/10/2011 05:33 |
Edgar Luis Belfort Abreu nació en Maturín (estado Monagas) el 26 de octubre de 1934 y es hijo de Augusto Belfort Jiménez y Enma Abreu Jiménez. Tiene cuatro hermanos: Arnaldo José, Carlos Augusto, María Luisa y Enid Teresa. Esta última, la más joven, lamentablemente falleció en noviembre de 1993.
A edad muy temprana se traslada con la familia a la ciudad de Caracas. Recibe su educación primaria en el Instituto Montessori San Jorge (Los Palos Grandes), el Colegio Antonio María Claret (Los Dos Caminos) y el Liceo Santa María, del Profesor Hugo Ruán (Sabana Grande).
Los estudios secundarios los realiza en el Liceo Andrés Bello y la carrera médica en la Escuela Luis Razetti de la Facultad de Medicina, Universidad Central de Venezuela (UCV), de la cual egresa en julio de 1959 como médico-cirujano, formando parte de la promoción Dr. José Ignacio Baldó. Confiesa gran admiración por sus maestros Rafael Hernández Rodríguez, Antonio Sanabria, Félix Pifano, Rafael Medina y al padrino de su promoción.
Recuerda con gran cariño a algunos de sus condiscípulos como Freddy Aude Allup, Rafael Horacio Borges, Harry Acquatella, Sergio Arias Cazorla, entre otros.
Le es concedida una beca por el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la UCV y viaja a Sao Paulo, Brasil, donde permanece por dos años efectuando estudios de especialización en medicina tropical, dermatología y micología, bajo la orientación y supervisión del insigne maestro Profesor Carlos Da Silva Lacaz (fallecido en 2002), director del Instituto de Medicina Tropical y Profesor Jefe de la Cátedra de Microbiología, ambos pertenecientes a la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo, Brasil.
Al regresar a su país, ingresa en la Cátedra de Medicina Tropical de la Escuela Luis Razetti, Facultad de Medicina de la UCV y en ella, al lado de la labor docente con estudiantes del curso regular de medicina y con médicos en proceso de reválida, desempeña actividades asistenciales como Jefe de la Sección Clínica de la Cátedra, ubicada en el Servicio de Enfermedades Trasmisibles del Hospital Universitario y además en la Sección de Medicina Tropical del Instituto.
A partir de agosto de 1981, y por un período de tres años, desempeña el cargo de Profesor Jefe de la Cátedra de Medicina Tropical.
Ha asistido, participando en muchos de ellos como expositor, a diversos cursos, reuniones y congresos científicos tanto nacionales como internacionales. Ha viajado a muchos países, entre otros, Francia, España, México, El Salvador, Panamá, Colombia, Estados Unidos y Portugal. Permaneció dos años en este último donde aprendió el portugués.
Edgar Belfort forma parte del personal docente del primer Curso de Micología Médica organizado en 1965 en Caracas, por la comisión organizadora del Estudio Nacional de las Micosis, bajo de presidencia del Dr. José Ignacio Baldó y por el Dr. Libero Ajello, Jefe de la Sección de Micología y Parasitología del Centro para el Control de Enfermedades Trasmisibles (CDC-Atlanta) del Servicio de Salud Pública de Los Estados Unidos.
En 1972 viaja a París y participa como monitor de Trabajos Prácticos en el 20vo Curso Superior de Micología Médica del Servicio de Micología del Instituto Pasteur de esa ciudad, en donde tiene el privilegio de recibir la valiosa enseñanza de los profesores Francois Mariat, Gabriel Secretain, Edouard Drouhet y Pierre Destombes, así como el de compartir la discusión de interesantes temas con numerosos colegas de diferentes países.
Fue presidente de la Fundación Venezolana para el Estudio de las Enfermedades Tropicales (FUNVENET) desde su creación en 1988.
Fue Presidente del Comité Organizador de las 1ras y 2das Jornadas Venezolanas de Medicina Tropical celebradas en Caracas en los años 1991 y 1994.
Es Miembro Titular de la Sociedad Venezolana de Dermatología y Miembro Asociado de la Sociedad Venezolana de Microbiología.
Sus actividades de investigación clínica han estado principalmente relacionadas con las micosis superficiales, algunas de las profundas como esporotricosis, cromomicosis, paracoccidioidomicosis, cryptococosis y varias enfermedades tropicales de origen parasitario como la schistosomiasis, leishmaniasis tegumentaria. Ha publicado numerosos trabajos sobre todos estos temas.
Otra faceta de la carrera de Edgar Belfort es la relacionada con las labores asistenciales, docentes y administrativas desarrolladas en la Unidad Nacional de Dermatología y Alergia del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, creada en 1970 en el Centro Médico Dr. Carlos Diez del Siervo de Chacao, con el objetivo de lograr la atención más eficiente e integral para los pacientes con afecciones de piel y alérgicas referidos por las diferentes consultas de Dermatología del Instituto, en procura de procedimientos especializados para el diagnóstico y/o tratamiento. En la Unidad mencionada cumple funciones como Jefe del Laboratorio de Micología, posteriormente Jefe de Servicio y finalmente, a partir de 1996, como Director del Centro Médico, hasta su jubilación en junio del año 2000.
Casado con la Dra. Doris Morean, lamentablemente fallecida, y de cuya unión nacieron cuatro hijos: María Emma, Ana Cristina, Edgar Martín y Andreína Luisa, todos con sus respectivas carreras profesionales concluidas. Es abuelo de cinco nietos.
Considera al Dr. Miguel Tálamo Pérez como su mejor amigo.
Actualmente jubilado de sus cargos, continúa ejerciendo la medicina privada, compartiendo su tiempo con otras ocupaciones como la lectura, la música y la fotografía.
Edgar Belfort fue mi profesor de Medicina Tropical en 1967 y doy fe de sus virtudes como docente, investigador y ser humano excepcional.

 


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Dr. Ramón Zamora

Por: NurisGonzález | Creado: 22/10/2011 05:31 |
En el Valle de Guanape, enclave donde, como un rompecabezas geográ­fico, confluyen los estados Miranda, Guárico y Anzoátegui, el día 7 de mar­zo de 1934, y en un hogar humilde, nace un niño cuyo nombre original iba a ser Manuel; pero el jefe civil o el secreta­rio dispusieron que la vida, los amigos y la Microbiología lo conocieran como Ramón Zamora, simplemente.
Buscando mayor fortuna, sus padres deciden mudarse a Caracas cuando Ramón tenía sólo 3 años de edad, y el viaje debe hacerse por mar. Se radican en Catia, y en esa popular parroquia caraqueña va a aprender sus primeras letras, a realizar su primaria en la es­cuela "Ramón Isidro Montes" y a gra­duarse de hombre. Desde la infancia, venciendo cuanta dificultad se atrave­sara en el camino que su decisión le tra­zó tempranamente: llegar a ser alguien. Es atento, servicial, colaborador, hace mandados a los vecinos y hasta ayuda al mecánico del barrio, con lo cual, ade­más de ir aprendiendo, obtiene algunas monedas que alivian parcialmente la situación familiar. Sin embargo, el pro­blema económico no era el único ni tal vez el mayor de su vida. Ramón nació zurdo, y todos sabemos que, para la época, tanto los padres como los maes­tros obligaban al niño a "hacer las co­sas con la mano derecha", y Ramón, como todos los zurdos, tuvo que pasar todas las pruebas y medidas que se uti­lizaban (o ¿utilizan?) "para corregir el defecto". Con su férrea voluntad y su decisión de avanzar, vence el obstácu­lo y logra ser un ambidextro que no sólo escribe igual con las dos manos, sino que es capaz de dibujar con la mano izquierda (su "derecha") con precisión fotográfica, cualquier bacteria, cual­quier hongo y hasta un instrumento de laboratorio utilizando únicamente dos o tres trazos de tiza o lápiz. No recuer­do a nadie más económico a la hora de hacer un dibujo con menos líneas, me­nos tiza o menos tinta.
Desde muy temprana edad siente el docente que lleva en su interior, y al terminar la primaria se inscribe en la Escuela Normal "Miguel Antonio Caro", porque quiere ser maestro, y lo fue cuando quien enseñaba lo hacía de verdad, porque le gustaba, porque sa­bía hacerlo, y porque eran tiempos fe­lices, en los que los docentes sabían ser maestros, y no trabajadores de la ense­ñanza, como ahora.
Los nuevos ingresos mejoran la si­tuación familiar, pero no desvían su rumbo, pues su objetivo es ser médico. Hace equivalencias en algunas asigna­turas y logra inscribirse en el Liceo Andrés Bello. Estudia de día y trabaja de noche, o viceversa, pero nada lo detiene. Termina su bachillerato y nue­vamente entran en juego, sincrónico y acoplado, su voluntad, su esfuerzo te­sonero, el trabajo y la inteligencia: con libros prestados o estudiando con com­pañeros logra terminar exitosamente la carrera y se gradúa de médico cirujano en 1958, en la Universidad Central de Venezuela, cuando apenas acaba de cumplir 24 años.
Todos los esfuerzos, unidos ala capacidad de estudio y sus inclinacio­nes por la Microbiología no habían pa­sado inadvertidos para muchos, muy especialmente para el Dr. Dante Bore­lli, quien lo utilizó como su "ayudante voluntario" en el Servicio de Derma­tología del Hospital Clínico Universi­tario, cuando habilitan un pequeño lo­cal para estudiar a los pacientes der­matológicos. Estas credenciales acu­muladas por el Dr. Zamora le hacen lucir como magnífico prospecto, y nun­ca fueron más acertados quienes así lo vieron y deciden incorporarlo a la Cá­tedra de Medicina Tropical de la UCV, con el profesor Félix Pifano al frente de la misma. Como en el país no exis­tía posgrado en Microbiología, acuer­dan que se forme allí con ellos, "repi­cando y andando en la procesión", como reza el dicho; trabajando, apren­diendo y enseñando, bajo la tutela y el contacto diario de sabios de excepción: Leopoldo Briceño Iragorry, Rafael Me­dina, Dante Borelli, Alfonso Anselmi y el mismo Félix Pifano, para no nom­brar sino algunas de las más connota­das eminencias que, con justa razón, le dieron nombradía internacional al Ins­tituto de Medicina Tropical de la UCV. Por si fuera poco, el Dr. Ladislao Po­llak, en el Hospital "Luisa Cáceres de Arismendi" de El Algodonal, se encar­gaba diariamente de actualizarlo en micobacterias, especialidad que el po­laco dominaba como nadie y enseñaba con toda la bondad y munificencia que le daban calidad de caballero integral y docente insuperable.
En 1964 ingresa regularmente a la docencia universitaria, como instruc­tor en la Escuela de Medicina "Luis Razetti" de la UCV. En 1966 realiza el curso medio de Micología Médica, or­ganizado por los doctores Humberto Campíns y José Antonio Baldó, y con la participación fundamental del pro­fesor Líbero Ajello, máxima autoridad mundial de la Micología Médica, Dante Borelli, Mildred de Feo y Lorenzo de Montemayor.
Al año siguiente es enviado a Bue­nos Aires, donde sigue un curso de perfeccionamiento bajo la tutela de los micólogos y médicos Pablo y Ricardo Negroni (padre e hijo), quienes, ade­más de enseñarle micología, le encien­den más aún la pasión por el tango, el amor por Buenos Aires y el gusto por la delicia de sus carnes.
En enero de 1969, mediante permi­so no remunerado, la UCV lo cede a la UCLA, para que se encargue de orga­nizar la Cátedra de Microbiología, lo cual logra cabalmente y decide quedar­se en Barquisimeto. La UCV perdió un profesor, pero la UCLA ganó un mi­crobiólogo y un docente en el más ex­tenso y exigente sentido del término.
Su don de gentes y su fácil comu­nicación y claridad de objetivos le per­miten ligarse, por docencia y extensión, a Pediatría y Dermatología, ambos ser­vicios con abundante problemática microbiológica, y que rápidamente se benefician, al obtener el estudio racio­nal de sus pacientes, la identificación de los agentes causales y la instalación de una terapéutica correcta.
Zamora organiza la Sección de Microbiología de la UCLA, pero tam­bién lo hace en el Hospital Central "Antonio María Pineda" y en el Con­trol de Enfermedades Transmisibles de la Unidad Sanitaria. Los cultivos y an­tibiogramas alcanzan jerarquía cientí­fica, como lo merece la Región Cen­trooccidental. Como remate, funda el Capítulo Centrooccidental de la Socie­dad Venezolana de Microbiología. Se inicia así una brillante etapa, que ojalá sus seguidores mantengan y no dejen decaer nunca.
Ha participado en numerosos con­gresos, nacionales e internacionales, como organizador, expositor y hasta presidiendo algunos de ellos. En reco­nocimiento a sus múltiples méritos, un congreso de Microbiología fue bauti­zado con su nombre: pequeño home­naje a la disciplina de quien mucho ha dado como docente, como propulsor y como descubridor de nuevas especies o métodos prácticos y novedosos para sus cultivos. Junto al Dr. Dante Borelli descubre y describe una nueva especie causante de micetomas: Pseudoshae­tosphaeronema larense, e identifica por primera vez en Venezuela a Streptomy­ces somaliensis, el Aureobasidiurn mansonii en casos de micetoma. Tam­bién ha recibido muchas condecoracio­nes y distinciones, entre las que cabe destacar la condecoración "Enrique Tejera", del MSAS, "Lisandro Alva­rado", de la UCLA, y Profesor Hono­rario de la Universidad del Táchira. Fue invitado especial, por varios meses, en el Instituto Pasteur de París, donde su nombre es muy apreciado en razón de sus conocimientos y aportes a la Mi­crobiología.
Dentro de su amplia concepción de la función docente, siempre ha creído que debemos conocer y, en alguna for­ma, tener experiencia en el campo de las luchas gremiales. Por eso fue presi­dente de APUCO y vicepresidente de FAPUV, institución ésta de la cual tie­ne numerosas anécdotas relacionadas con las discusiones e intimidades en la asignación de los presupuestos a las universidades nacionales. Muchos de los logros y reivindicaciones de que hoy disfrutamos son en gran parte pro­ducto de sus luchas tesoneras. Como parte de su trabajo gremial, organizó además los servicios médico-odonto­lógicos de IPSPUCO, en la UCLA, y estableció un sistema de atención odontológica y médico-quirúrgica, oportuna, eficaz y de excelente calidad, valiéndose del gran aprecio de que goza entre todo el gremio, lo cual le permi­tió que durante varios años las mejores clínicas y los más calificados especia­listas brindaran atención a los afiliados de IPSPUCO, mediante honorarios casi siempre no superiores al 50% de los habituales.
Después de este largo periplo en actividades gremiales, demuestra que nunca dejó de pensar en la docencia ni dejó de sentirla en su vida. Funda los laboratorios de Micología Médica de Barinas, de Portuguesa y de Trujillo, y en la década de los 90 regresa a la do­cencia activa, con el Posgrado de Der­matología de la UCLA, entregándose por completo, como siempre a la inte­gración e interacción alumno-docente, día a día, pero siempre iniciando con su clase inaugural "La rueda dentada", conferencia que, a mi juicio, debería­mos conocer al detalle todos los docen­tes y todos los profesionales de la Me­dicina, pues allí se analizan todos los pasos que deben seguirse en el estudio integral del paciente, hasta llegar, como tiene que ser, al diagnóstico racional y correcto del proceso en estudio, y cómo cualquier diente que falte en la rueda puede arruinar el mayor de los esfuer­zos y llegamos a un final incorrecto.
Hasta ahora sólo hemos hablado del docente por vocación, del maestro por naturaleza y por espíritu que lleva a la excelencia; del hombre que, a fuerza de estudio, esfuerzo y voluntad, logra empinarse sobre sus propios talones y alcanzar un lugar señero, respetable y de sincera admiración para quienes sa­bemos cuánto vale como científico y como ser humano, aunque en esta últi­ma parte es muy reservado, bastante "pichirre" a la hora de abrir su archivo sentimental. Sin embargo, voy a reve­lar tres detalles: guarda especial cariño por dos de sus profesores: el Dr. Dante Borelli y el Dr. Alberto Benshimol; recuerdo como algo extraordinario, que nunca hubiera imaginado su natural modestia, la distinción que le hiciera el profesor Mariat, en el Instituto Pas­teur, al dar una orden casi insólita: "El Dr. Zamora puede usar cuanto quiera la biblioteca personal de Mariat y reti­rar en préstamo cualquier libro o re­vista que necesite". Hasta ese momen­to, sólo el primer adjunto, y nadie más, podía disfrutar semejante privilegio. Por último, quiero "delatar" que Zamo­ra nunca supo y nunca intentó apren­der a cobrar honorarios profesionales; por eso se negó siempre a instalar un laboratorio de Microbiología, cuyo éxito económico y científico estaban más que asegurados de antemano. Así fue siempre y así sigue siendo Ramón Zamora: brinda su saber a quien lo ne­cesita, en cualquier día y a cualquier hora, pero sin interesarse en el aspecto lucrativo.
Amigo incondicional y a dedica­ción exclusiva. Inquieto, polémico y reflexivo. Cosmopolita, casi un Marco Polo de los tiempos modernos. Cono­ce casi toda Europa, gran parte de América y muchos países de Asia y África, viajando siempre a costa de su propio peculio, gracias a su forma prag­mática de planificar y ejecutar. Para explicar la clave de la fórmula sólo pide una invitación a cenar.
Amigo del ambiente, sabe tanto de cactus que organiza un jardín xerófilo en Boca de Uchire. Estudioso de la Historia y apasionado de las vidas de Bolívar y Miranda, pronto nos hará importantes revelaciones sobre la muerte de ambos.
Esto, a grandes rasgos, es una bre­ve semblanza de todo un personaje, cuyo ejemplo y cuya vida es una lec­ción permanente para quienes quieran tomarla: estudio, constancia y decisión para trazar el surco y sembrar la semi­lla.


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