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Dr. Hernán Méndez Castellano

Por: NurisGonzález | Creado: 12/12/2011 14:29 |
 

(1915-2003), eminente pediatra, docente, sanitarista y académico venezolano, nativo del Estado Trujillo. Doctor en Ciencias Médicas por la UCV en 1939. En 1949, inicia su formación como Pediatra. Estudió en Suiza, Francia, Puerto Rico

y México. A su regreso trabaja en varias instituciones públicas. En 1975, planteó la necesidad de realizar el “Estudio Nacional de Crecimiento y Desarrollo Humanos”, luego conocido como Proyecto Venezuela, una de sus más notables contribuciones médico-sociales. En 1976, por su impulso, se crea el Centro de Estudios sobre Crecimiento y Desarrollo de la Población Venezolana conocida como FUNDACREDESA. En 1978 estandarizó definitivamente el Método Graffar-Méndez Castellano, un instrumento de medición de la estructura social de Venezuela. El quehacer polifacético de Méndez Castellano alimenta y enorgullece nuestro gentilicio.

I. Infancia y juventud: Tenacidad y vocación de hacedor del bien

En lecho de parto, encalado a la usanza pueblerina, sobre sábanas de páramo con blancor de niebla y en el valle de la empinada Trujillo andina, Amelia Castellano le dio a José Atilio Méndez su segundo hijo, pero a la patria le parió el que llegaría a ser el primero y más denodado propulsor de la venezolanidad. Ella, de Boconó, y José Atilio, de Mendoza Fría, amalgamaron en el amor sangre de montañeses y fueron siete los retoños de estos trujillanos dignos: Consuelo, Hernán, Alfonso, Rafael, María Luisa, Carmen y Francisco.

El primero de noviembre de 1915 nació Hernán en la Venezuela de Juan Vicente Gómez, en ambientes de mula, de arado y sembradíos, en la tierra que entonces sólo alumbraba campesinos y soldados para las revueltas, y de pronto, a los 11 años, la orfandad que lo desgarra: la madre en flor que entrega su vida sobre aquél mismo paritorio, otrora luminoso y alegre, entonces lúgubre. Aquel cuarto triste y oscuro, con las cortinas quietamente verticales porque no hay postigo abierto que las mueva ni rayo de luz que las aclare, es el testigo silente del dolor de los huérfanos a destiempo y del hombre desolado por la inesperada viudez. Y aquella muerte injusta y prematura - sin más explicaciones que el ineluctable destino de los hombres - será el acicate constante para que Hernán se vuelva médico, y de la estirpe de los buenos. “…

Siempre quise ser médico. Dos hechos me impactaron: la muerte de mi madre cuando tenía once años. El día de su muerte juré que iba a ser médico. Más tarde, después de visitar por primera vez un hospital, me quedé fascinado.

José Atilio Méndez, a fuerza de coraje y de la exigente virilidad de los años mozos, se recuperó pronto. Reaparecieron el amor y las ganas de vivir,

y con ellos la madrastra para los chicuelos, y otra vez el destino se empeñó en la hombredad temprana de Hernán. Las ausencias del padre eran frecuentes y prolongadas, porque el trabajo lo retenía lejos de casa construyendo puentes, carreteras, acueductos y letrinas en los vericuetos de la serranía, y Hernán asumió muchas veces la defensa propia y la de sus hermanos frente a los desamores de la madre postiza y, aún niño, empezó a trabajar de telegrafista en la ciudad de Trujillo. Sin proponérselo, se adentraba en el manejo de los primitivos símbolos tecnológicos de la comunicación, y años después, cuanta simbología de identidad venezolana ayudó a desentrañar y cuanta información produjo y comunicó, cual heraldo de la justicia y del bien colectivo. Sin embargo, este joven no estaba hecho para la poquedad, y tempranamente lo demostró cuando el Coronel José Atilio Méndez, sin explicaciones ni consulta de pareceres, lo lleva ante uno de los caudillos prominentes del estado Trujillo y le dice sin preámbulos: “

General, aquí le traigo un soldado para la patria”. A pesar de lo curtido en los avatares revolucionarios se sorprende el hombre, y encara a Hernán con esta pregunta plena de comprensión para el inconsulto imberbe: ¿dime,hijo, de verdad qué es lo que tú quieres ser ? Y otra vez, la decisión es firme en la respuesta del adolescente, “Soldado, no; General,... quiero ser médico”. Los primeros pasos para satisfacer esa definida vocación los dio en su ciudad natal cuando se graduó de bachiller en 1931, y un año después se vino a Caracas para realizar el curso propedéutico de medicina. Las dificultades económicas lo hacen regresar a Mérida para cursar los primeros años de la carrera médica, pero en 1935 está de vuelta en Caracas y ya en 1939 se gradúa de Doctor en Ciencias Médicas en la Universidad Central de Venezuela.

Las pensiones de estudiantes de aquella época eran propicias para la tertulia y para el sueño compartido en voz alta, porque casi todos aquellos jóvenes tenían en común la procedencia provinciana, los escasos recursos económicos y los anhelos de superación. El bachiller Méndez Castellano se instaló —premonitoriamente— en una pensión situada a medio camino entre los más conspicuos símbolos de la venezolanidad que tanto cultivó: la Plaza Bolívar y el Panteón Nacional. Allí estableció una sólida amistad con su compañero de estudios Ricardo Hernández Rovati, y aquella amistad estudiantil fue la afortunada circunstancia que lo llevó a conocer a María Cristina, la hermana de Ricardo, con quien contrajo matrimonio el 25 de noviembre de 1939. Doctorada en Filosofía y Letras, esta distinguida dama yaracuyana acompañó al Dr. Méndez Castellano durante 64 años, tres como novia y el resto como la más abnegada y colaboradora esposa, hasta su muerte en 1999. Sembraron con amor, y no podía ser otra cosa que ubérrima, la cosecha: tres varones y dos hembras, y todavía les sobró ternura para que una sobrina - hija afectiva - completara con aquéllos, la media docena de vástagos. Hoy lloran de orfandad tardía, seis profesionales universitarios de valía: Alexis

(ingeniero civil), Hernán (ingeniero de computación), Ricardo (médico), Mariela (odontóloga), María Cristina (psicóloga) y Rayún (trabajadora social y abogada).

II.- La adultez pródiga y plural

El hombre

Quien lo viera por primera vez, sólo por la apariencia física, bien podría imaginar, y sin temor al fallo, que estaba frente a un símbolo de la bondad

sin retaceos y de la sabiduría sin poses. De mediana estatura, de complexión fuerte y de piel morena, muy fácil para la risa y para el verbo, y con una

mirada siempre interrogante, pero amigable siempre.

Un icono de nuestra mestiza andinidad, pero repleto de universalidad.

De la Cordillera de Los Andes se ha dicho que muere entre Trujillo y Lara. En respuesta a las influencias ambientales rudas, en el hombre trujillano se dan las características del montañés —reciedumbre, terquedad, encerramiento en sí mismo— pero, a la vez, el cercano fondo de saco del Lago de Maracaibo le abre las puertas al Caribe y al mundo y el mar le presta a la montaña la apertura, el arrojo y el horizonte. El doctor Méndez Castellano lo dejótodo en la montaña, pero, a la vez, ¡se trajo tanto para su ciudad y su mundo!. El ambiente que lo rodeó en la niñez y la adolescencia fue determinanteen la forja de su pensamiento único y plural, y más de una vez lo proclamó de viva voz:

“… el hombre es único y múltiple, cerrado y abierto. El hombre debe ir en busca de lo universal “…

Venezolanos individuales y plurales a la vez. Que sean capaces de ser leales con su país y aceptar al hombre de otras partes, bajo planos de igualdad, no de sumisión. La difícil infancia posiblemente revistió de adustez aparente su alma de hombre sensible y cultor del amor, de la amistad, de la música, de la pintura, de la lectura, de la fotografía artística y de la jardinería.

Sus hijos le dieron dieciséis nietos, y a ellos dedicó tiempo y atención, cada vez que requirieron los cariños y consejos del abuelo. La fotografía del

maestro con uno de sus nietos, que le tomó su yerno el Dr. Alejandro Mijares y que ilustra la portada del libro “Hernán Méndez Castellano. Un pediatra social” es la más hermosa conjunción de las sonrisas, la del árbol frondoso y la del brote tierno. Esta fotografía debió haber ocupado un lugar especial en su biblioteca, amante como lo era de la fotografía artística de rostros y de cuerpos.

Recuerda su hijo Ricardo que cuando su padre en el año 2002 recibió de la Organización Panamericana de la Salud, en la Academia Nacional de Medicina, la distinción de “Héroe de la Salud Panamericana”, la emoción contenida rompió todos los diques, y en esa ocasión le dio el más prolongado y cálido abrazo, repleto de todo el amor paterno que tanto había acumulado y que —por ancestrales tradiciones de crianza ha impedido las manifestaciones físicas del afecto entre padres e hijos pocas veces antes se había expresado tan intensamente.

Fue amigo de muchos, porque su pensamiento amplio, adelantado, polifacético y generoso atraía fuertemente y siempre dejaba espacio para oír al otro, y no para oírse a sí mismo. Ora hablaba de música con el maestro Antonio Estévez, ora de pintura con Oswaldo Vigas, Mateo Manaure o Gabriel Bracho. Se transportaba a los planos superiores de la espiritualidad cuando oía a Igor Stravinsky, la Cantata Criolla de Estévez, La Opera de Tres Centavos de Brecht y Weill —su predilecta— o Conticinio, de su coterráneo Laudelino Mejías. Se construyó un refugio para la intimidad con la familia y los amigos más cercanos, más allá de El Junquito. Y en aquella casa de madera y ventanales, olorosa a bosque y abierta al viento y a la neblina, leía historia, filosofía, política, literatura venezolana y universal, y cuando el ejercicio intelectual exigía tregua había tiempo para podar y abonar las matas o para mimar los rosales y pedirles, a cambio, sólo una fragante rosa para María Cristina, la esposa siempre novia. Consecuente con su sentido de universalidad viajó incansablemente, y la actitud metódica de la pareja, bien ahorrando el sueldo de la esposa como profesora universitaria o bien restringiendo gastos superfluos, les permitió a ambos llenarse las pupilas

de la luz, de las formas y de los colores de incontables rincones del mundo.
El médico

Se graduó de médico cuando, recién creado el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social en 1936, se iniciaba la batalla contra las endemias que nos

diezmaban. No fue por azar que su tesis doctoral versara sobre “Primer caso de paludismo por Plasmodium ovale en Venezuela”, porque ahora sí era un soldado reclutado, pero no para las montoneras de antaño, sino para las huestes sanadoras de hogaño con los doctores Alberto J. Fernández, Arnoldo Gabaldón, Enrique Tejera, Elías Benarroch, José Ignacio Baldó, Leopoldo García Maldonado y Pastor Oropeza, como recuperadores del país perdido en la insalubridad ambiental, la ignorancia, la desnutrición y las enfermedades endémicas.

No se dejó tentar por la europeidad prevaleciente en los médicos recién graduados de su época y decidió conocer previamente a los hombres, las

enfermedades y las circunstancias de su tierra, antes de escudriñar las de otras latitudes. “… digo lo que digo porque conozco a mi gente.

Se fue a la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, y entre 1940 y 1944 ejerció como médico en los campos petroleros de Cabimas y Lagunillas. Allí se insertó en su mente para siempre la concepción social de la medicina, quizás estimulado por sus pacientes que lo consideraban distinto porque se

interesaba no sólo por el enfermo, sino también por la familia, la vivienda y el ambiente físico, laboral y social de los núcleos humanos.

En una nota necrológica del Dr. Méndez Castellano, publicada por su hijo Hernán en el diario El Nacional, hay una hermosa frase que lo describe

de cuerpo entero: “… siempre en trayectoria …”, y, parodiando a Andrés Eloy Blanco en “A un año de tu luz”, me parece adecuado reforzar aquella percepción filial con esta otra del poeta cumanés, “… siempre llegando y siempre fugitivo…”, para resaltar aquella cualidad de permanente búsqueda en que vivió este genio de la medicina venezolana. Regresó a Caracas. y en 1945 ingresó al Instituto Nacional de Puericultura y Pediatría. Esta etapa es determinante para la concreción de sus aspiraciones de ser un pediatra social. Cuarenta y dos años más tarde, en 1987, en una declaración preñada de humildad dijo: “… me sentiría orgulloso si se me reconociera como un pediatra social” . Con el bagaje de diez años de experiencia en el tratamiento de las enfermedades de los niños, se va a informar —de primera mano— en las fuentes de la ciencia médica europea en el Kinderhospital de Zurich (1949-1950), y vuelve en 1956 al Centre Internationale de l’Enfance en París. Completa su formación integral de pediatra con estudios en el Hospital Infantil de Puerto Rico (1958) y en el Hospital Infantil de México (1962).

De vuelta en Venezuela su accionar médico es múltiple e intenso en la División Materno-Infantil del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, el Consejo Venezolano del Niño, el Servicio de Pediatría del Hospital “José Gregorio Hernández”, el Instituto Nacional de Puericultura y Pediatría y el Instituto Nacional de Nutrición. Hizo tanto por la pediatría en Venezuela, que el Dr. Gustavo H. Machado dijo de él “… Cuando Méndez Castellano le coloca el estetoscopio en la espalda a un niño está auscultando a Venezuela

Ejerció la medicina privada con profundo sentido altruista, y los sábados se iba a hacer pediatría, absolutamente gratuita, en la barriada caraqueña de

La Charneca. En estas jornadas sociales siempre lo acompañaba su hijo Ricardo, y ese contacto con la Venezuela de alpargatas y lombrices influyó

definitivamente para que aquél fuese también médico.

El luchador social

Cuando del filósofo español José Ortega y Gasset brotó el principio “…

yo soy yo y mis circunstancias …”, de enorme trascendencia histórica y existencial, estaba también dándole el más sólido espaldarazo a la concepción filosófica de la medicina social, la que se ocupa no sólo del hombre enfermo, sino también de sus circunstancias familiares, laborales, sociales, culturales y ambientales. El Dr. Méndez Castellano, decidido cultor de esta posición de pensamiento, en el VI Congreso Internacional de Auxología (Madrid,1991) afirmó “… el ser humano adulto, en lo que concierne a lo biológico, es el resultado de la interacción entre su patrón genético y los factores ambientales y socio-culturales, que pueden actuar de una manera favorable o desfavorable a todo lo largo de su crecimiento y desarrollo bio-psico-social

Las experiencias previas del Dr. Méndez Castellano y de su acreditado grupo de trabajo, en un estudio transversal en Caracas con alumnos de liceos

privados y públicos, sirvieron de base para que en 1975 se planteara la necesidad de emprender el “Estudio Nacional del Crecimiento y Desarrollo

Humanos”, núcleo primigenio del Proyecto Venezuela. El Estudio Nacional de Crecimiento y Desarrollo Humanos de la República de Venezuela, bautizado

como Proyecto Venezuela, fue una investigación de salud integrada para establecer la identidad biológica, socioeconómica y cultural de la población

venezolana. Es la más científica, completa y trascendente investigación social que se haya hecho en el país en el siglo XX y es, a la vez, el legado más

importante del Dr. Hernán Méndez Castellano y de sus brillantes colaboradores para los estudiosos del hombre como “animal social” en Venezuela y el mundo. “…

Esa inmensa radiografía integral de la población venezolana permitió a los investigadores desarrollar una metodología propia, el ansiado índice de calidad de vida que los investigadores sociales siempre habíamos buscado. La trascendencia nacional e internacional del Proyecto Venezuela se afinca en las investigaciones sociales iniciadas por el Dr. Méndez Castellano en la Escuela de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela en 1969, que condujeron a la modificación del Método de Graffar y a la formulación de un nuevo instrumento de medición, valedero y confiable, para la estructura social venezolana. Surgió así el Método Graffar-Méndez Castellano que se probó y estandarizó definitivamente en el “Estudio Piloto del Estado Carabobo”, en 1978, con 3 700 familias.

El Ejecutivo Nacional, mediante el Decreto Presidencial Nº 1671 del 13 de julio de 1976, creó el Centro de Estudios sobre Crecimiento y Desarrollo

de la Población Venezolana, conocido como FUNDACREDESA, que fue el organismo ejecutor del Proyecto Venezuela entre 1979 y 1983 y de todos los estudios posteriores relacionados con el conocimiento biológico, socioeconómico y cultural de la población venezolana. Ningún campo del saber pediátrico le fue esquivo al Dr. Méndez Castellano y a todos ellos logró impregnar de su incesante pensamiento promotor de la igualdad de los hombres frente a las oportunidades.

Fue presidente de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría entre 1957 y 1959, y sembró a Venezuela de discípulos desde la Cátedra de Clínica Pediátrica y Puericultura de la Universidad Central de Venezuela, de la cual llegó a ser Profesor TitularIII. En 1971 obtuvo el Premio Nacional de Pediatría

“Dr. Pastor Oropeza”, liderizando a un equipo valioso integrado por los doctores Eugelio Chacón Nieto, Lilia Cárdenas de Moncada, Mara Traumanis

y Leysi Cuenca Pérez, con un trabajo denominado “Experiencias sobre la observación continua en niños con formas graves de desnutrición”.

Ajeno al enclaustramiento del conocimiento, lo divulgó a los cuatro vientos en artículos de publicaciones venezolanas y extranjeras, en libros y

monografías y en jornadas y congresos de pediatría, nutrición, higiene mental y auxología en Venezuela y allende la patria. A la comunidad la mantuvo informada sobre temas tan álgidos y cruciales para la venezolanidad como la pobreza, el juego de envite, el abandono, las desigualdades, el hambre, la democracia, la adolescencia, la corrupción, el valor del trabajo, el ambiente o la identidad nacional y, entre 1950 y 1997, se publicaro n más de 68 notas periodísticas sobre aquellos tópicos, en los cuales disertaba el Dr. Méndez Castellano en lenguaje accesible a todos.

El académico

Propuesto por los académicos doctores Alfredo Planchart y Alfredo González Navas fue elegido Miembro Correspondiente Nº 44 de la Academia Nacional de Medicina, el 24 de marzo de 1995, para suceder al Dr. José Antonio O‘Daly Carbonell quien ascendió a Individuo de Número. Se incorporó el 19 de octubre de 1995, y el trabajo de incorporación se denominó “Ecosistema de la salud, morbilidad y mortalidad según Estrato I”. Su activa y fecunda vida académica fue el aval para que ascendiera a Individuo de Número y ocupara el Sillón Nº XI, desde el 15 de mayo de 1997 hasta su muerte el 8 de julio de 2003. Presentó como trabajo de incorporación un extraordinario estudio consecuente con su línea de acción investigativa titulado “Aproximación al conocimiento del niño preescolar en Venezuela utilizando modelos integrados de comprensión”. En el púlpito de Santo Tomás pronunció el brillante discurso “Aproximación al conocimiento de la Sociedad Venezolana para el siglo XXI”, con aleccionadoras consideraciones sobre estructura y dinámica sociales,

población y desarrollo, la sociedad venezolana y su estratificación social, papel de la ciencia y de la tecnología en Venezuela, y papel de la Academia Nacional de Medicina. El discurso de bienvenida estuvo a cargo del Individuo de Número doctorAlfredo Planchart. Desde 2002 ejercía la presidencia de la Comisión de Puericultura y Pediatría de la Academia. Allí, como Secretario de esta Comisión, lo conocí de cerca y palpé la inmensa vitalidad productiva que lo animaba y que lo hizo trabajar hasta el final de sus días. En 1996 escribió “…

el hombre es el único animal, el único ser viviente que sabe que va a morir. Hay que vivir hasta morir ”, y eso fue lo que hizo. Merece que los venezolanos, que tanto le debemos, lo recordemos como el hombre que dignificó y le dio significado a todos los amarillos, a los azules íntegros y a los rojos totales de nuestro mestizaje.

 

 

 


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Dr. Aldo González Serva

Por: NurisGonzález | Creado: 11/12/2011 22:02 |

 

El doctor Aldo González Serva, quien se incorpora hoy como Individuo de Número de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina (SVHM), ingresó en esta organización en 1982, como Miembro Correspondiente por el Distrito Federal, con la presentación del trabajo titulado "El otro médico del Libertador, en sus últimos días", el cual fue motivo de comentarios y elogios por los asistentes debido al aporte que significó en la historia de Simón Bolívar. En él comentaba la actuación del médico norteamericano George McKnight, médico naval de la goleta norteamericana Grampus, al participar junto con el Dr. Próspero Reverend en las decisiones terapéuticas indicadas al padre de la patria en los últimos y tristes días de su vida.

Nuestro recipiendario de hoy nació en San Felipe, Estado Yaracuy, en julio de 1949, estudió en el Colegio La Salle de Caracas, luego en la Universidad Central de Venezuela (UCV), de la cual egresó como Médico-Cirujano en 1971.

En el lapso 1972-1976 realizó estudios de Posgrado en Anatomía Patológica en Venezuela (UCV) y en la Universidad de Yale, New Haven, Connecticut, EE.UU de Norteamérica.

Su vida profesional se ha desarrollado en Venezuela y en EE.UU en forma alterna y sucesiva. Ha sido médico visitante en el Hospital Monte Sinaí de New York y en la Universidad de Yale en New Haven. Realizó un posgrado en virología en este último hospital.

La docencia y la historia, junto con la fotografía y la condición de bibliógrafo amateur, han sido sus actividades paralelas a la medicina, desde muy joven. Siendo estudiante de medicina ganó el Premio Dr. José Gregorio Hernández, creado por el Dr. Fermín Vélez Boza quien, como una coincidencia quien ocupaba el Sillón que ocupará, de hoy en adelante, nuestro recipiendario de hoy.

En 1977 ganó el cargo de Instructor por Concurso de Oposición en la Cátedra de Anatomía Patológica en el Instituto del mismo nombre en la UCV.

Trabajó en Venezuela, en forma continua, en el lapso 1971- 1984. Se desempeñó como médico patólogo en el Centro Médico de Caracas y en el

Centro Médico Docente La Trinidad. Ha sido Profesor de Histología y de Anatomía Patológica en el lapso 1986-1984. Es Miembro de la Sociedad Venezolana de Dermatología (1978), de la cual fue designado Miembro Honorario. Ha sido Profesor Asistente en Patología y en Dermatología en varias universidades: Universidad Central de Venezuela (1976-1984), posteriormente en New Haven, Boston, Nueva York, entre otras, en algunas de ellas hasta la fecha.

Por otra parte, es Miembro de la Sociedad Venezolana de Anatomía Patológica, de la cual fue Presidente en el período 1981-1983.

Además es Miembro de varias asociaciones internacionales de anatomía patológica y dermatología.

Ha publicado alrededor de 130 trabajos científicos

como autor y/o coautor y participado en innumerables congresos de la especialidad, en diversos países del mundo.

En 1995 fue galardonado con el Premio Xavier Vilanova, que se otorga cada 4 años, al Mejor Trabajo

Científico por el trabajo "Patogénesis del Acné", tema dermatológico en el cual ha realizado aportes de repercusión internacional.

El Dr. González Serva nos presenta hoy, como trabajo de incorporación para la categoría Individuo de Número, el producto de su laborioso aporte a esta Sociedad:

"El mapa bibliográfico de la Revista de la SVHM". Índice electrónico de materias y autores", lo cual constituye un tema complejo y fascinante para un profesional de la Bibliotecología y de las ciencias de la información, como es mi caso.

Las publicaciones científicas y los índices constituyen un corpus bibliográfico de suma importancia y de un largo e interesante desarrollo histórico, iniciado en 1494, cuando Joharines Johann Trithein (1463–1516), llamado "padre de la bibliografía", publicó la primera bibliografía con carácter eclesiástico, y en 1506, Symphorien Champier, publica la primera bibliografía de libros profanos titulado "De Medicine Claris Scriptoribus y, en el siglo XVI se publicó la primera bibliografía universal llamada "Biblioteca Universales" compilada en Alemania.


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Dra. NORA BUSTAMANTE LUCIANI

Por: NurisGonzález | Creado: 11/12/2011 21:41 |

Nació un 24 de abril, en la primera mitad del siglo XX en la ciudad de Maracaibo, capital del Estado Zulia. Es la segunda de seis hijos habidos del matrimonio de Francisco Eugenio Bustamante de Guruceaga con Ítala Rosa Luciani Eduardo. Su abuelo paterno Francisco Eugenio Bustamante, eminente médico, nacido en Coro y residenciado en el Zulia; fue el primero en practicar en Venezuela una ooforectomía por quiste gigante del ovario derecho (1874). Asimismo su bisabuela paterna, María Concepción Urdaneta, era descendiente del general Rafael Urdaneta.

Realizó la educación primaria en el colegio Sucre de Maracaibo, la secundaria en el Instituto Maracaibo y la educación superior en la Universidad Central, obteniendo el Título de Doctora en Ciencias Médicas, en 1946, Promoción Dr. José María Vargas. Tesis de grado: Condiciones Médico-Sociales Asistenciales del Municipio Lagunillas, Estado Zulia. 1947.

Su pasión por la historia queda plasmada como Directora del Archivo Histórico de Miraflores desde los años 1979 hasta 1986, donde pública "Índice de los primeros cien números del Boletín del Archivo Histórico de Miraflores" en 2 tomos. Otras obras Ocupó el Sillón VII de Individuo de Número de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, durante 17 años, desde el 30 de septiembre de 1987, hasta el 5 de octubre de 2004. El título de su trabajo de incorporación es Dr. Domingo Luciani "El Maestro". Fue presidenta de la Sociedad de Historia de la Medicina durante el período 1995-1997, siendo la primera mujer en ocupar dicho cargo. Desde el 6 de octubre de 2004 es Miembro Emérito de dicha Sociedad.

Pertenece a la Academia Nacional de la Historia como Miembro Correspondiente por el Estado Miranda, desde abril de 2001. Título de su Trabajo de Incorporación: "Nuestra mujer académica"

Sus dotes humanísticas se ven en la fundación de tres grupos literarios en funcionamiento: (1) Grupo literario "Semana", Maracaibo, mayo 1965.

(2) Grupo literario "Visión", Caracas, marzo 1965.

(3) Grupo literario Llya Rivas de Pacheco", San Cristóbal, mayo 1993.

Ha dado numerosas charlas y discursos sobre diversos tópicos, donde se aprecia su admiración por el general Isaías Medina Angarita y los doctores Francisco Eugenio Bustamante y Domingo Luciani Eduardo.

Con justicia ha recibido la Condecoración

"Orden Andrés Bello" en su Primera Clase, en el año 1994 y la Condecoración "Orden de Mérito al Trabajo" en su Primera Clase, en el año 1995. En junio de 2007 recibió placa de reconocimiento como "Mujer Distinción 2007", por Solidaridad Internacional Valle de Caracas.

Ocuparemos desde hoy el Sillón Nº VII de Individuo de Número de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, que tan dignamente perteneció a la Dra. Bustamante Luciani; el cual permanecía vacante desde octubre de 2004, fecha en que fue designada como Miembro Emérito de la Sociedad. Pido a la Divina Providencia que nos guíe para ocupar este sillón con tanto acierto, como mi antecesora.


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Dr. Santos Aníbal Dominici

Por: NurisGonzález | Creado: 11/12/2011 21:20 | | #Cont:1
(Carupano19/06/1867/Caracas 02/09/1954)
Pertenece a La generación de médicos de La UCV de 1890.
En Francia se gradúa de Doctor en Ciencias Médicas en la Universidad de París (1894).
Clínico, Bacteriólogo e investigador destacado fue promotor y fundador del Instituto Pasteur de Caracas (1895) y de la Cátedra de Clínica Médica (1895). Rector de la Universidad Central de Venezuela (23/09/1899 al11/01/191). Cirujano Jefe del ejército de la Revolución Libertadora comandada por el general y empresario Manuel Antonio Matos. Exiliado en 1903.
Diplomático, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de Venezuela ante los gobiernos de Berlín y Washington durante el lapso 1909 a 1922, año en que renunció y se pasó a la oposición.
Presidente de la Junta de Liberación de Venezuela fundada en París: Regresó a a la muerte del dictador general J.V. Gómez.
Fue Ministro de Sanidad y Asistencia Social (08/07/1936 a 24/02/1937) en el gobierno del general Eleazar López Contreras,
Director-fundador de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina (1944-1946)
Presidente fundador del Colegio de Médicos del Distrito Federal.

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Dr. MANUEL CASTILLO LARA

Por: NurisGonzález | Creado: 11/12/2011 20:20 |

Entrelazando la justicia, con el afecto, queremos rendir este homenaje –sencillo como fue su vida- al Dr. Manuel Castillo Lara, colega que supo destacarse por los valores que cultivó afanosamente. Su larga y fructífera existencia transcurrió sin hechos extraordinarios, sin estridencias, ni ostentaciones.

Dice la Sagrada Escritura, en el Libro de los Reyes, que Elías descubrió al Señor, no en el terremoto, ni en el fuego; sino en la suave brisa, casi susurrante.

Manuel Castillo aprendió, como Elías, a reconocerlo en su acompasado trajinar de cada día y disfrutar de ese sosegado encuentro con su Dios, a cuyo lado vive ahora.

Al sur de la capital está San Casimiro, en la margen derecha del río Tuy. Apenas 8 km al norte se asienta Güiripa. Allí se radicó la familia Castillo

Arteaga, hacia 1831, según los cronistas. Es una zona principalmente agrícola. Al paso de varias generaciones, los Castillo conservan su apego a la tierra aragüeña y la solidez de sus principios morales de laboriosidad, gentileza y rectitud. Ellos mismos levantaron este hermoso y grande templo, cuyas fundaciones bendijo el entonces Obispo de Calabozo, Mons. Felipe Neri Sendrea, en 1896.

En esa ciudad aragüeña nació Manuel, el 17 de noviembre de 1919. Fueron sus padres Rosalio Castillo Hernández y Guillermina Lara. Hizo la primaria en Güiripa y en el Colegio Salesiano de Sarría.

Culminó luego el bachillerato en el Liceo San José de Los Teques. Dicho colegio fue fruto de la vocación social de José de Jesús Arocha, cuyos descendientes lo traspasaron a la congregación salesiana. Castillo ingresa a la Facultad de Medicina de la Universidad Central en 1938, culminando exitosamente su carrera médica, en noviembre de 1944. Su vida entonces transcurrió entre esos salones, el Instituto Anatómico de San Lorenzo y el Hospital Vargas.

Siguiendo sus inclinaciones y tal vez, el consejo de algunos colegas, se inscribe en el Curso para Médicos Higienistas, creado por el Dr. Briceño Rossi, en 1938.

Ese curso, junto al de Malariología, iniciado por Gabaldón y Berti, serán el germen de la futura Escuela de Salud Pública y de nuestros posgrados médicos.

Desarrolló su tesis sobre “Estudios de alimentación en un sector rural, durante una época de crisis”.
Ejerció la profesión en la isla de Margarita, en San Fernando de Apure y en el Estado Táchira. A su regreso contribuyó a la fundación de una clínica, en el oeste de Caracas, la Clínica Panamérica, en la cual prestó servicios entre 1944 y el año 2009. Ese centro inició actividades en 1948 y luego construyó su actual sede, en la Calle Colombia de Catia. Por esos años el Dr. Castillo se incorpora además al Seguro Social, trabajando en el Ambulatorio del Oeste, hasta su jubilación. Trabajó también en la Unidad Médica del Colegio Santos Michelena y en el Servicio médico del Ministerio de Agricultura. En 1997, se integra al grupo inicial de profesionales del Ambulatorio Monte Carmelo, creado en la parroquia homónima de Los Rosales, en la que vivió el Dr. Castillo largos años.

Estos son algunos datos de su periplo vital. Estoy seguro de que habrá de resultarnos más expresivo su rostro risueño, de rasgos firmes y amables.

Falleció en esta ciudad, el 3 de julio del año 2009.
Era sobrino de Mons. Lucas Guillermo Castillo, obispo de Coro y Arzobispo de Caracas. Son sus hermanos Lola Castillo de Bior, Lucas Guillermo y el Cardenal Rosalio Castillo Lara. Estuvo casado con la señora Conchita Zeppenfeldt, ya fallecida y más tarde con la señora Flor Gil. Dejó siete hijos: Conchita, Marisol, Ana Cristina, Milena, Rosalía, Lucas Guillermo y Manuel José Castillo Zepenfeldt. Lucas Guillermo (1921 - 2002) fue reconocido jurista y registrador mercantil, durante 25 años.

Durante su incorporación como Académico de la Historia, en 1977, afirmó el Dr. Carlos Felice Cardot, que:“Es jurista, poeta e historiador de vasta y dilatada obra. Por sobre todo hombre de una verticalidad poco común”.

Rosalio, su hermano menor (1922 – 2007) fue sacerdote salesiano, educador, Obispo y Cardenal, a quien la Patria hará justicia, cuando se despejen al

fin las sombras de totalitarismo que nos envuelven. Soliviantado por la prédica oficial de odio y de violencia, alguien le llamó: “ilustre embajador de Satanás en la tierra” El Cardenal Castillo desarrolló ingente tarea en la reforma del Código de Derecho Canónico y ejerció autoridad en tierra extraña –como Blanco Fombona, en la España republicana- como Gobernador del Estado Vaticano, entre 1990 y 1997.

Acorde con su formación familiar, el Dr. Castillo supo combinar con maestría la reciedumbre de su carácter y la rectitud de sus criterios; con un trato afable y servicial. Estoy seguro de que no solo sus familiares, sino también muchos de sus colegas y amigos en algún momento harán una oración y tendrán un recuerdo afectuoso a la memoria de Manuel Castillo Lara. Muchas gracias a todos.

ACUERDO DE DUELO DE LA SOCIEDAD VENEZOLANA DE HISTORIA DE LA MEDICINA CONSIDERANDO Que el 3 de julio de 2009, falleció en esta ciudad el Doctor Manuel Castillo Lara, Médico Higienista y esclarecido ciudadano e el Dr. Castillo Lara , nativo de Guiripa, Estado Aragua; cursó sus estudios médicos en esta antigua sede de la Universidad Central, egresando comoDoctor en Medicina en noviembre de 1944. Que el Dr. Manuel Castillo Lara tuvo una larga trayectoria profesional, signada por su vocación de servicio al enfermo, en diferentes instituciones públicas y privadas de esta capital y de otros estados del país.

ACUERDA:

1. Expresar sinceros sentimientos de pesar por el fallecimiento de tan meritorio exponente de la medicina venezolana.

2. Entregar copia del presente Acuerdo a los hijos y demás familiares del

Dado en Caracas, a los cinco días del mes de agosto de dos mil nueve, en el Salón de Sesiones de la Academia Nacional de Medicina.


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